Pilar Eyre analiza a Leonor y su autoexigencia: «¿La habrá heredado de Letizia?»

La periodista cree que la heredera no quedó satisfecha con su intervención en el Teatro Campoamor y vincula esa tensión con el carácter de su madre. Su análisis completo se publica el miércoles 28 de octubre en Lecturas.

Pilar Eyre lo tiene claro: Leonor no salió contenta de su discurso de Oviedo y la autoexigencia tiene culpable.

El viernes 23 de octubre, el Teatro Campoamor acogió una nueva edición de los Premios Princesa de Asturias, con Leo Messi recogiendo el galardón del Deporte y Patti Smith cantando sobre el escenario. Pero la protagonista era otra. La heredera estrenó un vestido buganvilla y pendientes del joyero de Sofía: diamantes y rubíes que se ponía por primera vez. Veinte años y una hoja de ruta ejecutada al milímetro.

El discurso que Leonor no se ha perdonado

Terminada la ceremonia, mientras medio país comentaba el look, Pilar Eyre, cronista de realeza con décadas de oficio, se quedó con el texto. Lo analizó desde el punto de vista de quien lleva media vida hablando en público y sentenció que era un discurso muy difícil de pronunciar: muchas subordinadas, frases largas, palabras complicadas y apenas transición entre los temas.

‘Pese a eso lo defiende bien. El sentido del discurso creo que ha estado muy bien y también me ha gustado el tono desenfadado que ha tenido en ocasiones, pero la presión debe ser terrible’, apuntó en sus redes. Traducción libre: notable alto en fondo y forma, y una losa encima que no se ve desde el atril.

El análisis completo verá la luz el miércoles 28 de octubre en las páginas de Lecturas, pero el titular ya está servido. Porque en ese mismo mensaje dejó caer la pregunta que estos días circula por los corrillos de siempre: si Leonor no quedó satisfecha con su propio discurso, ¿de quién ha heredado esa manía de no perdonarse nada?

La exigencia en una heredera se aplaude desde el atril y se convierte en noticia cuando se le escapa por la cara.

La mirada de Letizia y el gesto que Eyre leyó como desasosiego

Durante los minutos de discurso, la reina Letizia no le quitó los ojos de encima a su hija mayor. Por momentos parecía que era ella la que estaba pronunciando las mismas palabras, y no es una impresión descabellada: hay mucho de la Reina en los textos oficiales de sus hijas, tanto en el fondo como en la estructura.

Felipe VI le dijo a Leonor que lo había hecho ‘muy bien’. Eyre, en cambio, leyó en el gesto de la heredera hacia su padre cierto desasosiego, y de ahí salió su pregunta: ¿habrá heredado la autoexigencia de su madre? Ojo con el matiz, porque no es lo mismo criarse entre focos que crecer con la sensación de que el foco hay que merecerlo cada mañana.

Pregunta de portada.

De la princesa perfecta a la alumna que suspende una asignatura

La segunda reflexión de Eyre va por otro camino y quizá sea la más interesante. Escribe que quiere ver a Leonor como una persona normal: una chica que va a la universidad, que incluso suspende alguna asignatura, que hace vida con sus compañeros. Yo no quiero una princesa perfecta, zanja. La gente joven tiene problemas de adolescente y los fallos hacen más cercano a cualquiera.

El precedente lo tiene a mano: don Felipe. De él se decía que era el príncipe más preparado de Europa y todo el mundo se reía con naturalidad, porque nadie pensaba que fuera un ser extraordinario. Su atractivo real era la apariencia de persona normal. En 2026, la mayoría de los expertos entró a analizar el acto de Oviedo buscando justo lo contrario.

Y aquí entra Letizia, a la que Eyre considera una aportación extraordinaria a la Familia Real precisamente por ser una persona normal. ‘¡Cómo no ve que lo que más nos gustaría de Leonor es verla como una chica normal, como la amiga de nuestros hijos!’, exclama. Nadie se identifica con la perfección personificada, y menos cuando es falsa.

Lo digo sin rodeos: el equipo de comunicación de Zarzuela tiene un problema de relato, no de imagen. La puesta en escena funciona —el vestido, los pendientes de la abuela Sofía, la coreografía del Campoamor—, pero cada vez que se abre la boca se nota el guion.

Comparar con la generación anterior sirve de poco. Felipe creció cuando el hermetismo era virtud; ahora el hermetismo se lee como frialdad. Y el público joven, el que sigue a Leonor en redes, no consume perfección: consume humanidad. Si la heredera no ha quedado satisfecha con su propio discurso, quizá sea la primera buena noticia del reinado.

Habrá que ver si en Zarzuela recogen el guante o dejan pasar el temporal con la agenda oficial por delante.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 6/10. Ni guerra ni tregua: es el debate que palacio prefiere ganar en silencio.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Pilar Eyre, que se lleva el análisis y el titular; pierde el relato de la perfección, que ya no cuela.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: El miércoles hay páginas en Lecturas y, en 48 horas, portada. Zarzuela no piensa contestar.