Leonor y el pescado de cuatro kilos de la subasta de Llanes: selfies de Letizia y una bebé en brazos

Cuatro pujas a la baja, cuatro pescados y una lonja entera conteniendo la respiración. La Princesa se fue de Llanes nombrada Marinera de Honor y su madre se llevó la tarde entre móviles levantados y una niña en brazos.

Leonor pujó por un golondro en la subasta de la lonja de Llanes y se fue de allí nombrada Marinera de Honor.

La Familia Real llegó a la villa pasadas las doce y media, media hora larga después de lo previsto, con la banda Llacín de gaitas abriendo paso frente a la playa del Sablón. El mar, que a primera hora estaba como un plato, empezó a moverse justo cuando ellos pisaron el paseo. Casualidades, las justas.

En la plaza de Cristo Rey esperaban los tres bandos del concejo —los madalenudos, los de San Roque, y los de la Guía— con trajes de llaniscas y porruanos para bailar El Pericote, la danza de la casa. La Princesa disfrutó del número con la sonrisa puesta y sin prisa por mirar el reloj.

De allí a la capilla de Santa Ana, sede histórica de la cofradía, donde Florentino Hoyos, párroco e hijo de marinero, ejerció de anfitrión. Dentro, mujeres vestidas de marineras cantaron con panderetas y escenificaron la reverencia a la patrona de los pescadores. La agenda oficial de Casa Real lo recogía como un acto más; en el pueblo era el acto.

El discurso de Leonor fue el de alguien que se ha leído el guion y además lo siente. La pesca artesanal es un sector que «exige mucho sacrificio, y no sólo por la dureza del trabajo en la mar», y un gremio al que «le debemos mucho toda la sociedad». Defendió la bajura, el cuidado de los caladeros y las costas y puso el foco donde suele doler: el relevo generacional de las cofradías.

Quinientos años después de que otra Leonor pisara Llanes, la Corona vuelve a la lonja a hablar de redes, de bajura y de gente que madruga.

Hubo hueco, cómo no, para las mujeres de las familias marineras: las que se recorrían el concejo con el rodiellu en la cabeza y más de veinte kilos de pescado fresco para vender, empapadas y agotadas, remendando redes y velas y criando hijos. «Aquellas mujeres tenían un remango…», soltó. El aplauso del vecindario se oyó desde la playa.

También hubo guiño histórico. Leonor recordó que hace más de quinientos años otra Leonor —Leonor de Austria— pasó por el concejo y, por lo visto, quedó encantada con lo que vio. «Aunque no sé yo si le bailaron un pericote todos los bandos juntos», bromeó. Ironía fina de sábado.

El golondro de Leonor y la lubina que se llevó el Rey

En el puerto tocaba lo bueno: las embarcaciones, la rula y la subasta a la baja, esa en la que el precio va cayendo hasta que un comprador levanta la mano. Un mecanismo del siglo XVI con pantallas y mandos digitales, así que el cuadro era costumbrista con parafernalia de 2026.

Pujaron los cuatro. La lubina se la llevó el Rey, la Princesa un golondro, la Infanta un cabracho y la Reina otro pescado que nadie se ha molestado en catalogar. Cuatro piezas frescas y la sensación de que, por un rato, la lonja de Llanes era el sitio más importante de Asturias.

Antes, Leonor había descubierto la placa conmemorativa del premio y había entregado el galardón a Ángel Batalla, patrón mayor de la cofradía. Después llegó el almuerzo con los vecinos, que es como terminan estas mañanas: con mantel y con la comitiva mezclada con el pueblo.

Selfies, una bebé en brazos y un traspié sin importancia

Doña Letizia se llevó la parte más fotografiada del día. Selfies con quien se acercó, una bebé en brazos entre el público y esa habilidad suya para convertir un acto institucional en un pasillo de afectos. Sirve el gesto, sirve la escena y sirve el detalle, que diría cualquiera que haya cubierto una visita real.

Hubo además un traspié y una caída sin consecuencias, de esas que en directo parecen un drama y a los dos minutos son anécdota. La Reina se recompuso y siguió con la mañana. Fin del incidente, aunque las redes ya le hayan puesto banda sonora.

De Leonor de Austria a la Marinera de Honor: cinco siglos de la misma ría

Hay algo que funciona en estos actos y que la Casa Real ha entendido mejor que nadie: la Princesa no viene a inaugurar una placa, viene a hacerse del sitio. En Llanes se fue con el título de Marinera de Honor —agradecido en voz alta: «¡por nombrarme Marinera de Honor!»— y con la coartada perfecta para hablar de lo que le interesa sin sonar a mitin.

El Pueblo Ejemplar a la Cofradía de Santa Ana no es folclore: es plataforma. De ahí que la Princesa compartiera con la cofradía la idea de extender el galardón a todas las cofradías de España. Si esa propuesta cuaja, la próxima vez no habrá una lonja mirando el marcador, habrá medio litoral pendiente.

Andan estos actos siempre al borde de la estampa, y sin embargo aquí hay miga: una heredera hablando de relevo generacional en un sector que envejece, en un concejo que vive del mar y del turismo, con la anchoa como industria y como relato. Habrá que ver qué queda de esta visita cuando pase el fin de semana y las portadas cambien de protagonista.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 3/10. Un traspié sin consecuencias y un discurso bonito: salseo mínimo, oficio máximo.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana la Cofradía de Santa Ana, que sale en portada; pierde el reloj, media hora tarde otra vez.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Portada en ¡Hola! con las selfies y el golondro. Y en unos meses, otra lonja en la agenda.