Lydia Lozano ha querido zanjar de una vez por todas la polémica surgida en torno a unas declaraciones sobre su etapa en ‘Sálvame’. La periodista ha aprovechado su intervención en ‘De lunes a Viernes’ para aclarar que, en ningún momento, ha querido desprestigiar el programa que marcó gran parte de su trayectoria profesional. Muy al contrario, la colaboradora ha reconocido que aquel formato fue una auténtica escuela para ella, aunque también le dejó algunos de los momentos más duros de su carrera.
1Lydia Lozano destapa el lado oscuro de ‘Sálvame’
Las palabras de Lydia llegan después de que algunos interpretaran que había cargado contra el desaparecido espacio de Telecinco tras una reciente entrevista concedida a Rafa Méndez. Sin embargo, la tertuliana ha sido rotunda al negar esa versión. «Yo no puedo poner verde a un programa que ha sido mi cum laude», aseguró, dejando claro que guarda un enorme agradecimiento hacia el espacio en el que trabajó durante tantos años.
Para la colaboradora, ‘Sálvame’ fue mucho más que un programa de televisión. Lydia recordó que allí tuvo la oportunidad de hacer prácticamente de todo: desde disfrazarse o bailar hasta realizar entrevistas y cubrir acontecimientos de máxima actualidad. Entre los recuerdos que conserva con especial cariño destacó el viaje que realizó como reportera al volcán de La Palma, una experiencia que considera inolvidable y que ejemplifica todo lo que aprendió durante aquella etapa.
«Todo lo que sé lo sé por ‘Sálvame'», afirmó con emoción, insistiendo en que el programa le permitió crecer profesionalmente como nunca antes lo había hecho. Por eso considera injusto que se haya interpretado que sus palabras pretendían desacreditar un formato que, según explicó, le dio tanto a nivel personal como laboral.
Aun así, Lydia no ocultó que hubo tardes realmente complicadas. La periodista recordó que el propio funcionamiento del programa hacía que, en muchas ocasiones, los colaboradores terminaran convirtiéndose en protagonistas de los conflictos que se abordaban en directo. Esa exposición constante acabó pasándole factura en más de una ocasión.
Con una sinceridad que emocionó a su compañeros, confesó que había días en los que salir de casa se convertía en un auténtico suplicio. «Abría la puerta y decía: ‘No quiero ir al cole'», recordó, comparando esa sensación con la de una niña pequeña que no quiere enfrentarse a una jornada difícil. Sabía que algunas tardes iban a ser especialmente complicadas y que regresaría a casa mucho peor de lo que había salido.







