Aimar Bretos sobre su infancia: ‘La iglesia fue mi punto de socialización’

El nuevo presentador del matinal de la SER confiesa que la parroquia y los jesuitas forjaron su pandilla de la infancia. Una revelación que humaniza al periodista a semanas de tomar el relevo de Àngels Barceló.

Aimar Bretos ha decidido abrirnos la puerta de su infancia justo cuando faltan tres meses para que se ponga al frente del ‘Hoy por Hoy’ de la Cadena SER. El periodista donostiarra, que este verano cumplirá 40 años, ha desempolvado sus recuerdos de bancos de iglesia, hermanos y conciertos de Duncan Dhu en una entrevista con Diez Minutos. Y la anécdota más sorprendente es esa: ‘La iglesia significó un punto de socialización y del que surgió y creció en parte mi grupo de amigos’.

La iglesia, ese punto de socialización

Estudiar con los jesuitas de San Sebastián fue, para Aimar Bretos (San Sebastián, 1986), mucho más que una educación religiosa. ‘Más allá del padre espiritual, porque mi padre es muy creyente’, explica, la parroquia funcionó como el club social donde él y su pandilla forjaron una amistad que aún perdura. Casi treinta años después, sigue quedando con esa misma cuadrilla cuando pisa Gros, su barrio natal.

De hecho, el nuevo presentador del matinal de la SER no quiere ser ‘el tío de Madrid que viene para bodas, bautizos y comuniones’. Coge el coche y se planta en Donosti siempre que puede, aunque sean más de cinco horas desde la capital. ‘Quiero estar más de lo que estoy’, insiste.

Cinco hermanos, una abuela inolvidable y un padre que ponía Duncan Dhu

Bretos es el mayor de cinco hermanos y recuerda los sábados por la tarde encerrado en casa con ellos como ‘un momento muy especial’. Compartía habitación con los tres chicos —’una litera y una cama’— hasta que llegó su hermana June y hubo que mudarse. Pero el dato que pocos conocen es que sus padres adoptaron a un niño etíope cuando Aimar tenía seis años. Él mismo eligió su nombre: Álex. ‘Mi hermano pequeño Álex es uno de mis mayores tesoros’, ha contado.

La memoria de su abuela Ángela, enferma de alzhéimer en sus últimos años, también aparece con ternura. ‘Era una tipa fantástica’, dice. ‘No sé si ella me enseñó a leer, pero sí recuerdo ser una de las primeras personas a las que vi hacer el acto consciente de leer’. Vivió los años de la enfermedad en casa de los Bretos, y su nieto mayor la recuerda con cariño.

Nada de esto es casual. Contar la infancia en Donosti, la fe compartida con los amigos o la relación con su padre es la mejor manera de presentarse ante los millones de oyentes que, hasta ahora, solo conocían su voz en ‘Hora 25’.

La música también une a los Bretos. Su padre lo llevó a ver a Duncan Dhu en el Victoria Eugenia, y desde entonces la banda es la banda sonora de su vida. ‘Muchas de las conversaciones importantes las hemos tenido en el Monte Urgull’, revela. Ese pequeño monte donostiarra es el confesionario laico donde padre e hijo despachan las cuestiones de familia.

Y por último, el nombre. Aimar tardó en quererlo, pero hoy lo defiende con orgullo. De pequeño quería llamarse Álex, tanto que ‘conseguí que le pusieran ese nombre a mi hermano cuando lo adoptaron’. Ahora agradece ese euskera cálido que, tras un boom en los 90, está ‘en todas partes’.

El momento elegido no es casual

Aimar Bretos no ha concedido esta entrevista por casualidad. A tres meses de sustituir a una institución como Àngels Barceló, necesita que la audiencia sepa quién es ese tipo que les dará los buenos días. Y la estrategia es de manual: humanizar al sustituto, mostrar que detrás del periodista riguroso de ‘Hora 25’ hay un donostiarra de familia numerosa, con recuerdos tiernos y una pandilla forjada en la parroquia. Es la misma táctica que utilizaron otros presentadores cuando dieron el salto: Andreu Buenafuente en su día, o incluso Jorge Javier Vázquez cuando fichó por Telecinco. La radio matinal es una costumbre íntima, y la transición siempre es delicada. La mayoría de la audiencia matinal tiene sus reticencias, pero Aimar juega con una ventaja: se ha mostrado humano antes de que se lo exijan.

Si la química funciona dependerá de muchas cosas, pero de momento, Aimar Bretos ha ganado la primera batalla: la de la simpatía. Ahora solo falta que el 31 de agosto, cuando pulse el botón del estudio, el oyente acepte el relevo.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 3/10. Aquí no hay zascas ni traiciones, solo un periodista explicando de dónde viene. El drama lo pondrán las audiencias en septiembre.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Aimar, que se presenta como un tipo cercano antes del gran estreno. Pierde, quizá, el sector más conservador de la audiencia que aún echa de menos a Àngels Barceló.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Lo lógico es que la SER siga dosificando entrevistas personales del nuevo presentador. Si las cosas van bien, en otoño tendremos libro.