El atestado filtrado por Us Weekly reconstruye un arresto caótico: Britney Spears, con un vestido verde desgastado, cambió de humor a acento británico ante la policía. La noche del 4 de marzo de 2026, una llamada anónima alertó de un coche que circulaba a gran velocidad y haciendo eses; cuando el agente encendió las sirenas, la cantante no reaccionó de inmediato.
Una vez detenida, el agente percibió un «olor etílico inconfundible» dentro del habitáculo. Spears sólo admitió haberse tomado un mimosa de champán siete horas antes, pero en el asiento del copiloto reposaba una copa de vino vacía. El informe recoge que la artista llevaba un vestido verde gastado y sandalias moradas, un atuendo que poco tenía que ver con el brillo de las alfombras rojas.
El caos al borde de la carretera: entre el vestido gastado, las pastillas y la copa vacía
Los agentes localizaron en su bolso un bote de Adderall —un medicamento para el TDAH— que no estaba prescrito a su nombre. La propia Spears reconoció haber tomado esa tarde 200 mg de Lamictal, 40 mg de Prozac y 2,5 mg de Adderall. «Podría beber cuatro botellas de vino y cuidar de ti. Soy un ángel», soltó a uno de los policías según recoge el atestado.
Cuando le pidieron que saliera del vehículo, se negó en redondo. Adujo que había sido víctima de bromas y acoso en el pasado, y que como mujer tenía derecho a no bajar. Tras diez minutos de objeciones, accedió. El agente describió «cambios de humor drásticos»: pasó de un tono confrontacional a uno extravagante, llegando a hablar con acento británico. Sus ojos estaban enrojecidos y vidriosos, las pupilas dilatadas, y su discurso era rápido y arrastrado —y sus dedos no dejaban de moverse—.
Las pruebas de sobriedad en la carretera fueron un desastre. La cantante se quejó de que las luces le hacían daño en la cabeza y dijo estar ciega del ojo izquierdo, aunque era capaz de seguir el dedo del policía. Según el atestado, «Spears fue incapaz o no quiso completar las pruebas».
De las luces que «le hacían daño» a la oreja en el hospital: el desenlace que acabó en esposas
Trasladada a la oficina de la Patrulla de Carreteras y luego al hospital Los Robles Medical Center, Spears se puso beligerante. Intentó retrasar la extracción de sangre alegando que necesitaba el baño y una vez dentro se volvió «discutidora y agresiva». El agente la esposó y la sentó en el asiento del copiloto del coche patrulla.
El análisis de sangre arrojó una tasa de alcohol de 0,06, por debajo del límite legal californiano de 0,08. Sin embargo, la combinación de fármacos y la conducción errática bastaron para un cargo por DUI. La fiscalía del condado ofreció un acuerdo de «conducción temeraria con alcohol» (wet reckless), habitual para delincuentes sin antecedentes cuando no hay accidente ni lesionados. Spears aceptó: doce meses de libertad condicional, un día de cárcel —ya cumplido—, un curso de reeducación vial y 571 dólares de tasas (en torno a 525 euros), además de consultas semanales con un psicólogo y quincenales con un psiquiatra.
La artista ingresó en rehabilitación el 12 de abril por insistencia de sus hijos, según fuentes próximas, y salió el 30 de abril. Su abogado, Michael Goldstein, declaró al New York Times que Britney «ha aceptado su responsabilidad» y ha dado «pasos significativos para implementar un cambio positivo».
Del ‘wet reckless’ a la sombra de otros tropiezos: cuando Hollywood se tumba en el diván judicial
El patrón es tan viejo como la propia industria. En 2007, Lindsay Lohan acumuló dos DUI en menos de tres meses y logró esquivar la cárcel a base de programas de desintoxicación y acuerdos con la fiscalía. Justin Bieber, en 2014, también pactó una conducción temeraria tras un arresto en Miami. La justicia californiana suele rebajar los cargos cuando el acusado demuestra «automotivación» para tratarse, precisamente lo que ha hecho Spears. El historial completo de la cantante en los juzgados puede consultarse en su entrada de Wikipedia.
La diferencia en este caso es la crudeza del atestado. No es la primera vez que una celebrity cruza la línea, pero pocos informes policiales llegan a las revistas con este nivel de detalle: pastillas no prescritas, una copa vacía en el portavasos y un acento impostado que delata un estado de agitación más profundo que unas copas de más.
Queda por ver si la rehabilitación y la terapia obligada marcan un antes y un después, o si dentro de un año volveremos a leer un nuevo parte en las mismas condiciones. Por ahora, el «wet reckless» le concede una segunda oportunidad.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: El arresto hunde aún más la leyenda de fragilidad que arrastra la cantante desde su tutela, pero el pacto judicial evita un juicio mediático.
- 💎 El detalle de lujo: No hay joyas ni vestidos de alfombra roja aquí; el único lujo es el precio de la libertad: 525 euros de tasas y un año de terapia obligada.
- 🗣️ El entorno cuenta: Las fuentes cercanas insisten en que sus hijos fueron el motor de la rehabilitación, no los tribunales, y que la familia quiere creer que esta vez es distinto.







