La respuesta de Sarah Santaolalla a las desafortunadas declaraciones que se hicieron en El Hormiguero sobre ella

Sarah Santaolalla contestó dejando claro que no le servía una disculpa sin destinataria.

Sarah Santaolalla en su programa. (Foto: YouTube)
Sarah Santaolalla en su programa. (Foto: YouTube)

Una nueva polémica en El Hormiguero vuelve a encender el debate público tras unas disculpas que muchos han visto como genéricas y para salir del paso después de las lamentables palabras de Rosa Belmonte sobre Sarah Santaolalla. La periodista pidió perdón sin mencionar explícitamente a la persona a la que iban dirigidas, y el programa también se excusó en términos similares. En ese contexto, la analista política a la que se referían, la conocida Sarah Santaolalla, respondió con un mensaje contundente reclamando algo básico: que la disculpa sea personal, con su nombre y apellidos.

¿Qué pasó en El Hormiguero?

Todo arranca después de que, en el tramo de tertulia del programa, se produjera un comentario considerado insultante y de tinte machista hacia una analista de televisión, identificable por la información que se dio en directo. Según se ha recogido, el comentario aludía a ella con una descalificación sobre su intelecto y su físico: «mitad tonta, mitad tetas», una frase que generó un aluvión de críticas.

A partir de ahí llega el giro típico de estos casos mediáticos, el intento de apagar el incendio con un perdón público. El problema, para buena parte del público, no fue solo el contenido de las disculpas, sino la forma: sin nombrar a la afectada, como si bastara con pedir perdón en general para cerrar el asunto.

Rosa Belmonte se disculpó públicamente, pero lo hizo con una fórmula amplia del estilo «a quien haya molestado o afectado«, sin dirigirse a la persona concreta. En paralelo, el programa también pidió disculpas sin precisar qué había ocurrido ni a quién se referían, en una rectificación percibida como al aire.

Sin embargo, en televisión y en el ecosistema de redes, cuando la audiencia entiende perfectamente quién es la señalada, la ausencia del nombre puede interpretarse como un modo de rebajar el daño… o de esquivar responsabilidades.

La respuesta de Sarah Santaolalla

Lejos de dar el tema por zanjado, Sarah Santaolalla contestó dejando claro que no le servía una disculpa sin destinataria. En su respuesta, reclamó que, si se va a pedir perdón, se haga a quien corresponde: a ella, como mujer atacada y humillada desde un programa de máxima audiencia, donde la insultaron haciendo referencia a su intelecto y su aspecto físico.

El mensaje incluía una frase que se ha convertido en el titular más repetido: “Tengo nombre y apellidos… y dignidad”. Y ese matiz conecta con un debate que trasciende el caso: el poder que tiene la televisión para amplificar un comentario y lo difícil que resulta borrar las consecuencias.​

El debate en redes

En redes sociales, muchos usuarios tampoco se quedaron convencidos por la sinceridad de las disculpas y criticaron que no se mencionara a la afectada. El resultado fue el conocido efecto boomerang, cuanto más se intenta cerrar una polémica con una fórmula tibia, más crece la conversación y más se analiza cada palabra.

Y aquí entra un elemento clave para cualquier programa de entretenimiento que coquetea con la actualidad: la frontera entre el comentario que busca aplauso o risa fácil y el impacto real cuando la diana es una persona concreta. Y mucho más cuando es un insulto de este calibre de machismo contra una mujer​, escudándose en que era una frase de una serie.

Evidentemente, Rosa contaba con la complicidad del entorno en el programa y de quienes la rodeaban en ese momento; por eso nada de esto sorprende en absoluto. Pero tras las risas de un segundo llegan los lamentos cuando ves que te has equivocado y que todo el mundo se te echa encima, algo ya bastante habitual en El Hormiguero, que ha pasado de ser un programa familiar a ser un programa con tintes políticos claramente definidos con un objetivo más que evidente.