David España lleva media vida callando que su padre era Jero, el de Los Chichos. Ahora lo cuenta con abogado.
El juicio que no se celebró y las 26 pruebas
La vista de paternidad estaba señalada y no llegó a celebrarse. La defensa de los herederos de Jero alegó la existencia de otros dos hijos extramatrimoniales del cantante que ya habrían sido reconocidos legalmente, y el juez consideró que ambos debían formar parte del procedimiento antes de continuar. Traducción: plazo para aportar documentación y David de vuelta a la casilla de salida.
Él sostiene que tiene 26 pruebas. La más determinante salió de una colilla. Concretamente, de un cigarro encendido que su presunto hermano Chaboli —Julio Jiménez, marido de Niña Pastori— tiró por la ventanilla de un coche. El análisis genético dictaminó un 99,99% de probabilidad de hermandad. No dio más, aclara, porque entonces ya estaríamos hablando de paternidad.
En la ecuación aparece también Adelina, Adeli, la otra hija del matrimonio de Jero con Araceli Borja, y ahí se le tensa la voz. ‘No soporto el egoísmo y las injusticias’, se justifica. Sobre el papel le correspondería el 33% de los derechos musicales de la banda de rumba. ‘Supongo que algún milloncete me caerá’, bromea, y acto seguido recuerda que no quiere ser famoso, solo tener razón por escrito.
Un padre fantasma, una foto en la cartera y un 22 de octubre
Su madre se llama Conchi y no es copiloto fácil, dice él. Tenía 16 años y trabajaba en la limpieza o en el guardarropa de un tablao flamenco de Madrid cuando conoció a Jero, que le sacaba más de una década, estuvo dos años y pico con él y se quedó embarazada. Según el relato de su hijo, el cantante le pidió que abortara y fue su abuela quien cerró el debate: saldrían adelante sin él.
Hubo dos o tres visitas. Un día, Jero le quitó una foto de la cartera a Conchi y se la llevó. Para este hombre de 40 años, ese robo diminuto es el mayor acto de amor que recibió de su padre. El resto fue televisión, canciones y una figura fantasmal a la que imaginar en escenarios imposibles.
No peleaba por un apellido ni por una foto: peleaba por dejar de ser el mentiroso de la sobremesa.
El 22 de octubre de 1995, Jero se quitó la vida en su domicilio de Entrevías a los 44 años. David lo recuerda jugando a las cartas con su abuelo y con el televisor encendido de fondo. ‘No tenía sentimientos de hijo pero tenía esperanza’, resume. Ahí se acabó el escenario imposible, aunque él insista en que se habrían llevado bien.
Conchi sigue enchufada a aquel amor de juventud y se lo recuerda cada mañana. ‘Todavía se levanta y me dice: esta noche he soñado con tu padre’. El vínculo se construyó en dos años y medio de relación y en cuatro décadas de recordatorio; en siete horas de coche hasta el Puerto de Santa María, con paradas y con la radio puesta, también.
También ha tenido que corregir lo que otros escribieron por él: en algunos textos aparece como soldado, en otros como militar. Es soldador de laboratorio y trabaja desde los 16. Se ríe de la errata, como se ríe de casi todo lo que no toque al 22 de octubre. Ahí no hay broma posible.
Lo que este caso dice de los hijos que nadie reconoce
Las demandas de paternidad post mortem han dejado en los juzgados españoles una estampa repetida: herederos que defienden un patrimonio, abogados que acumulan ADN en cigarrillos y hombres y mujeres de mediana edad esperando una sentencia que no les devuelve a nadie. Fernando Osuna lleva años en ese circuito y este caso tiene todos los ingredientes del género.
La pregunta incómoda no es si hay pruebas. Es por qué el reconocimiento llega siempre cuando el padre ya no puede responder. Y conviene separar dos cosas: el dinero y la biografía. Un 33% de los derechos musicales no devuelve treinta años de silencio, pero un juez tampoco está para reparar infancias a toro pasado.
Mientras el proceso avanza, lo único que ha ganado David España es lo que llevaba pidiendo desde niño: que nadie se ría cuando dice quién es su padre. Eso ya no se lo quita ninguna sentencia. El siguiente capítulo pasa por los juzgados, con nueva fecha y con dos presuntos hermanos más sentados en la sala. Habrá que ver si el relato aguanta el ritmo.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 6/10. Sin plató ni carpeta, pero con una colilla y un 99,99% que valen su peso en titulares.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana David en el relato público; pierde la versión oficial de la familia reconocida, que ahora tendrá que explicar dos hermanos más.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Nueva fecha judicial y, casi seguro, una entrevista en televisión para contarlo todo otra vez.







