Hay animales que no pagan alquiler, no fichan y viven mejor que la mayoría de los mortales. Un maltés heredó 12 millones de dólares y acabó metido en una guerra judicial por su fortuna; una gata viaja en jet privado para no compartir suelo con extraños; un pomerania de kilo y medio vestía esmóquines a medida. No son anécdotas sueltas: forman una economía paralela con abogados, chefs y peluquería a domicilio. La diferencia con el resto de mascotas no está en el cariño que reciben, sino en la infraestructura que los rodea.
El criterio de la lista no es la fama del dueño, sino la trazabilidad del privilegio. Solo entran animales cuyo nivel de vida está documentado: testamentos, sentencias, precios publicados, nóminas de personal doméstico y confesiones de los propios propietarios. Quedan fuera los lujos que únicamente existen en una foto de Instagram, y cuando la cifra procede de una estimación de terceros se advierte en el texto. De ahí que el orden lo marque la escala del privilegio y no el número de seguidores.
5Giggy, el pomerania de Lisa Vanderpump: esmóquines a medida, peluquería y cochecito para no caminar
Giggy pesaba kilo y medio y, aun así, era el miembro más importante de la casa. Gigolo Vanderpump-Todd —nombre de expediente, porque en el salón todos le llamaban Giggy— llegó en 2009 como regalo de cumpleaños para Lisa Vanderpump, nacida en una región minera de Virginia Occidental, y se instaló en Beverly Hills con la seguridad de quien nunca ha pagado un alquiler. Sufría alopecia crónica, así que necesitaba ropa hasta para dormir: pijamas con perneras, esmóquines a medida, pajaritas y sombreros guardados en un armario de siete cajones. Desayunaba tostadas, pollo y verdura en porcelana, a veces sobre bandeja de plata, y despreciaba el pienso como quien devuelve una copa en un restaurante con estrella. Tenía web propia, publicista, contrato independiente con Bravo y representante en CAA, la misma agencia que Brad Pitt. En esa casa había una estrella y los demás eran figurantes.
Fuera de casa no caminaba: era transportado. Lisa contaba que odiaba los bolsos porteados, que sus patas solo tocaban el suelo en el jardín y que, si le metían en un tote, montaba un escándalo. No necesitaba cochecito: exigía brazos, preferiblemente los de Ken Todd, y así desfilaba por alfombras rojas con el pelo cardado y esponjado. En 2012 ganó el Golden Collar a mejor perro de reality —empatado con el pit bull de Pit Boss—, se coló en un vídeo de Lady Gaga, cenó con Jennifer Lawrence y conoció a Drake. Hasta tiene una estrella honorífica en el Paseo de la Fama de Palm Springs. El negocio familiar también salió de su guardarropa: inspiró Vanderpump Pets y sus collares de pedrería. Murió el 12 de diciembre de 2020, con unos diez años, y su legado no fue una colección de pajaritas, sino la fundación que ha rescatado a miles de perros. No está mal para un animal al que no le gustaba caminar.







