Herencias envenenadas: clanes familiares de famosos que se rompieron para siempre tras leer un testamento

Un testamento es, sobre el papel, el último acto de voluntad de una persona. En la práctica, muchas veces es el primer capítulo de una guerra. Cuando el documento se abre ante notario o ante un juez, hay familias que descubren que el reparto no se parece en nada a lo que creían, que un papel firmado veinte años antes sigue vigente o que aparece un heredero del que nadie había hablado nunca. A partir de ahí, los abogados sustituyen a los hermanos y las conversaciones familiares se trasladan de las cenas de Navidad a los juzgados.

Esta lista reúne cinco casos de figuras públicas cuyos testamentos —o su ausencia— dividieron a sus familias de forma documentada: resoluciones judiciales, documentos notariales y escritos aparecidos años después. El criterio es ese, la existencia de un conflicto verificable y prolongado, y no el simple rumor de prensa, con litigios españoles, latinoamericanos y estadounidenses. En todos ellos se repite el mismo patrón: un patrimonio cuantioso, un documento ambiguo, desactualizado o inexistente, y unos herederos dispuestos a litigar durante años o incluso décadas.

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James Brown: quince años de pleitos entre los hijos y la pareja del cantante

Cuando James Brown murió el 25 de diciembre de 2006, a los 73 años, dejó un testamento firmado en 2000 que nunca actualizó y que resultó ser una bomba de relojería familiar. El documento destinaba la mayor parte de su fortuna a un fideicomiso benéfico, el I Feel Good Trust, para financiar becas de niños desfavorecidos en Carolina del Sur y Georgia, mientras que a sus seis hijos reconocidos solo les legaba objetos personales —ropa, joyas, vehículos— y 2 millones de dólares para la educación de sus nietos. Además, advertía de que quien impugnara el testamento quedaría desheredado. La trampa era que Tomi Rae Hynie, su cuarta esposa desde 2001, y el hijo de ambos, James Brown II, nacido ese mismo año, ni siquiera aparecían en el documento. Hynie llegó a quedarse fuera de la finca de Beech Island, con las puertas cerradas, ante las cámaras.

La batalla judicial arrancó casi de inmediato y se alargó quince años, con más de una docena de demandas cruzadas. El pleito se enredó en dos frentes: la validez del matrimonio de Hynie, que seguía legalmente casada con otro hombre, Javed Ahmed, cuando se casó con Brown, y los derechos de autor de sus cerca de 900 composiciones, que por ley federal no podían legarse por testamento. En junio de 2020, el Tribunal Supremo de Carolina del Sur dictaminó que Hynie nunca fue su esposa legal y, por tanto, no tenía derecho a la herencia. En julio de 2021 las partes alcanzaron un acuerdo confidencial que abría la puerta a que los herederos explotaran conjuntamente el catálogo. Poco después, los activos se vendieron al fondo Primary Wave por unos 90 millones de dólares, destinados en su mayoría al fondo de becas. El cuerpo del cantante, por cierto, permaneció más de dos meses sin sepultar por las disputas, y la herencia seguía sin cerrarse formalmente en 2025.