Un testamento es, sobre el papel, el último acto de voluntad de una persona. En la práctica, muchas veces es el primer capítulo de una guerra. Cuando el documento se abre ante notario o ante un juez, hay familias que descubren que el reparto no se parece en nada a lo que creían, que un papel firmado veinte años antes sigue vigente o que aparece un heredero del que nadie había hablado nunca. A partir de ahí, los abogados sustituyen a los hermanos y las conversaciones familiares se trasladan de las cenas de Navidad a los juzgados.
Esta lista reúne cinco casos de figuras públicas cuyos testamentos —o su ausencia— dividieron a sus familias de forma documentada: resoluciones judiciales, documentos notariales y escritos aparecidos años después. El criterio es ese, la existencia de un conflicto verificable y prolongado, y no el simple rumor de prensa, con litigios españoles, latinoamericanos y estadounidenses. En todos ellos se repite el mismo patrón: un patrimonio cuantioso, un documento ambiguo, desactualizado o inexistente, y unos herederos dispuestos a litigar durante años o incluso décadas.
5Aretha Franklin: murió sin testamento y aparecieron dos escritos a mano, uno dentro de un sofá
Aretha Franklin murió el 16 de agosto de 2018 en Detroit, a los 76 años, víctima de un cáncer de páncreas, y durante meses se dio por hecho que no había dejado testamento. Nueve meses después, en mayo de 2019, su sobrina Sabrina Owens, entonces administradora del patrimonio, rastreó la casa en busca de documentación y encontró dos juegos de papeles escritos a mano. Uno, fechado en junio de 2010, estaba guardado en un cajón o armario cerrado con llave junto a contratos discográficos. El otro, de marzo de 2014, apareció en un cuaderno de espiral con garabatos, escondido bajo los cojines del sofá del salón. La ley de Míchigan admite los testamentos ológrafos, de modo que aquellos folios —con tachones, frases en los márgenes y pasajes casi ilegibles— podían tener pleno valor legal y decidir el reparto de una fortuna estimada en 80 millones de dólares en el momento de su muerte.
El problema era cuál de los dos valía. El documento de 2010 repartía los bienes de forma más equitativa y exigía a Kecalf y Edward Franklin «tomar clases de negocios y obtener un certificado o un título» para heredar; el de 2014 tachaba a Ted White II como albacea, ponía en su lugar a Kecalf y dejaba a este y a sus hijos la mansión de Bloomfield Hills, valorada en 1,1 millones de dólares al fallecer la cantante. Los tres hermanos se enfrentaron en un juicio en Pontiac (Míchigan) en julio de 2023: Kecalf y Edward defendieron el escrito del sofá; Ted, que fue guitarrista de su madre, el del armario. Un jurado de seis personas deliberó menos de una hora y dio la razón al de 2014, firmado «A. Franklin» con una carita sonriente dibujada en la inicial. El cuarto hijo, Clarence, con enfermedad mental y bajo tutela judicial, quedó al margen del litigio.







