Estrellas españolas que amasaron fortunas y las vieron desvanecerse: historias de éxito, derroche y ruina

España ha tenido estrellas capaces de llenar plazas de toros, tablaos y teatros durante décadas, de firmar contratos millonarios y de convertirse en fenómenos populares de masas. Varias de ellas amasaron patrimonios considerables y, años después, vieron cómo se deshacían: embargos, deudas con Hacienda, subastas de viviendas, malas inversiones o adicciones acabaron con lo que habían ganado. La lista reúne casos repartidos a lo largo del siglo XX, desde la copla y el flamenco hasta la canción melódica y el espectáculo de variedades.

El criterio no es el de las mayores fortunas, sino el de las idas y vueltas documentadas: artistas que llegaron a estar entre los mejor pagados de su oficio y que después atravesaron dificultades económicas serias. Hay quien se sentó en el banquillo por delito fiscal, como Lola Flores en 1987; quien murió dejando una deuda con Hacienda; y quien perdió sus casas o las vio subastadas. Miguel de Molina, que llegó a cobrar 5.000 pesetas por actuación durante la República, ilustra el caso extremo: éxito y exilio como precio.

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Marujita Díaz: una estrella que terminó sin patrimonio

A María del Dulce Nombre Díaz Ruiz, Marujita Díaz (Triana, Sevilla, 1932), le sobraban motivos para figurar en una lista de fortunas de ida y vuelta: fue una de las folclóricas que más dinero amasó. Debutó con seis años, en 1950 firmó un contrato en exclusiva con CIFESA y se convirtió en estrella del cine folclórico de los cincuenta (‘Pelusa’, ‘La casta Susana’), además de reinar en la copla y la revista. Sus dos matrimonios —con el venezolano Espartaco Santoni y con el bailaor Antonio Gades— y sus giras por América le reportaron propiedades, cuadros de pintores como Miró y un joyero descomunal. En una sola aparición televisiva en 2013 lució alhajas tasadas en unos 200.000 euros, entre ellas un brazalete de rubíes y diamantes que le había regalado Santoni y que un gemólogo valoró en 120.000 euros.

Su patrimonio, sin embargo, vivió bajo sospecha. En 1988 la fiscalía la querelló por un presunto delito fiscal al no declarar los ingresos de 1982 —unos 18 millones de pesetas—, causa que acabó en absolución. En abril de 2015, el Juzgado de Primera Instancia número 41 de Madrid ordenó embargar sus cuentas para cubrir una condena de más de 17.000 euros por llamar «alcohólico» al hijo de Juanito Valderrama, y se publicó que había puesto a la venta su brazalete en una joyería del barrio de Salamanca. Su abogada sostuvo siempre que el embargo se dictó pero nunca se ejecutó, porque Marujita pagó para no quedar como morosa. Quienes la trataron la describían como «de puño cerrado»: al morir, el 23 de junio de 2015, dejó a su sobrina Reyes una herencia de varios millones, con un millón en efectivo, pisos en Madrid y joyas.