España ha tenido estrellas capaces de llenar plazas de toros, tablaos y teatros durante décadas, de firmar contratos millonarios y de convertirse en fenómenos populares de masas. Varias de ellas amasaron patrimonios considerables y, años después, vieron cómo se deshacían: embargos, deudas con Hacienda, subastas de viviendas, malas inversiones o adicciones acabaron con lo que habían ganado. La lista reúne casos repartidos a lo largo del siglo XX, desde la copla y el flamenco hasta la canción melódica y el espectáculo de variedades.
El criterio no es el de las mayores fortunas, sino el de las idas y vueltas documentadas: artistas que llegaron a estar entre los mejor pagados de su oficio y que después atravesaron dificultades económicas serias. Hay quien se sentó en el banquillo por delito fiscal, como Lola Flores en 1987; quien murió dejando una deuda con Hacienda; y quien perdió sus casas o las vio subastadas. Miguel de Molina, que llegó a cobrar 5.000 pesetas por actuación durante la República, ilustra el caso extremo: éxito y exilio como precio.
3Camarón de la Isla: el genio que dejó a su familia una deuda con Hacienda
Camarón de la Isla, José Monge Cruz (San Fernando, Cádiz, 1950 – Badalona, 1992), murió el 2 de julio de 1992 a los 41 años, cuando era el cantaor más influyente del flamenco. Había firmado discos determinantes como La leyenda del tiempo (1979) y Soy gitano (1989), y su entierro reunió a decenas de miles de personas. Pero el genio vivió siempre al día: quien presidía la asociación gitana que organizó uno de sus homenajes lo resumía diciendo que «lo que ganaba lo gastaba». Su fama mundial nunca se tradujo en patrimonio. En una de sus últimas entrevistas, concedida a RTVE en 1992, admitió su inquietud: «me he encontrado con que mi música no es mía, y si he aportado al flamenco quiero que quede algo para mis hijos y mi familia».
El motivo de fondo era que la mayoría de los temas que cantaba no eran suyos, de modo que apenas generaban derechos de autor para los suyos. A ello se sumó una herencia envenenada, con deudas pendientes y obligaciones con Hacienda que dejaron a su viuda, Dolores Montoya La Chispa, y a sus cuatro hijos en una situación económica delicada. En septiembre de 1992 un homenaje en el Cuartel del Conde Duque de Madrid recaudó más de siete millones de pesetas, destinados íntegramente a la viuda y los hijos, mientras que otro celebrado en Córdoba no consiguió fondos suficientes. Con el tiempo, la familia reconstruyó su sustento en torno a la marca Camarón: en 2014 pactó con el Ayuntamiento de San Fernando 2.500 euros mensuales durante 50 años —unos 180.000 euros acumulados hasta 2020— por el depósito del legado, además de 200.000 euros por derechos de imagen.







