España ha tenido estrellas capaces de llenar plazas de toros, tablaos y teatros durante décadas, de firmar contratos millonarios y de convertirse en fenómenos populares de masas. Varias de ellas amasaron patrimonios considerables y, años después, vieron cómo se deshacían: embargos, deudas con Hacienda, subastas de viviendas, malas inversiones o adicciones acabaron con lo que habían ganado. La lista reúne casos repartidos a lo largo del siglo XX, desde la copla y el flamenco hasta la canción melódica y el espectáculo de variedades.
El criterio no es el de las mayores fortunas, sino el de las idas y vueltas documentadas: artistas que llegaron a estar entre los mejor pagados de su oficio y que después atravesaron dificultades económicas serias. Hay quien se sentó en el banquillo por delito fiscal, como Lola Flores en 1987; quien murió dejando una deuda con Hacienda; y quien perdió sus casas o las vio subastadas. Miguel de Molina, que llegó a cobrar 5.000 pesetas por actuación durante la República, ilustra el caso extremo: éxito y exilio como precio.
2Isabel Pantoja: de llenar plazas de toros a ver subastadas sus casas
Isabel Pantoja (Sevilla, 1956) fue una de las artistas mejor pagadas de España: durante décadas llenó plazas de toros y grandes recintos y una treintena de grabaciones la mantuvieron como una de las voces más populares de la copla. Su fortuna empezó a resquebrajarse por su relación con Julián Muñoz, exalcalde de Marbella, en el marco del ‘caso Malaya’. En abril de 2013 la Audiencia Provincial de Málaga la condenó a dos años de prisión y a una multa de 1.147.148,96 euros por blanqueo de capitales: el tribunal consideró probado que puso sus sociedades a disposición de Muñoz para dar apariencia legal a dinero de origen ilícito. Aunque en un primer momento evitó la cárcel por carecer de antecedentes, en noviembre de 2014 se ordenó su ingreso y cumplió 14 meses en la prisión de Alcalá de Guadaíra hasta lograr la libertad condicional en marzo de 2016.
La condena y los años posteriores han ido vaciando su patrimonio. El símbolo de la caída es Cantora, la finca de Medina Sidonia (Cádiz) ligada a su esposo, el torero Paquirri: más de 370 hectáreas y una vivienda de más de 1.200 metros cuadrados que ella y su hijo Kiko Rivera —titular de casi el 48%— no pudieron sostener. Tras unos cinco años sin pagar una hipoteca de 12.000 euros mensuales, la deuda con el banco rozaba los 2,2 millones de euros, la finca fue embargada y quedó a las puertas de una subasta por un precio muy inferior al millón de euros, lejos de los más de cuatro millones en que había sido tasada. A esa pérdida se suma una deuda con Hacienda de más de un millón de euros —algunos medios la elevan a unos 1,5 millones— que la Agencia Tributaria ha decidido reclamar por la vía penal, lo que la expone a una nueva condena de entre uno y cinco años de prisión dado que ya arrastra antecedentes.







