Enrique Ponce da una información muy importante años después de divorciarse de Paloma Cuevas

Enrique Ponce ha vuelto a hablar públicamente después de varios años marcados por importantes cambios personales y profesionales. El torero, que puso fin a su matrimonio con Paloma Cuevas y posteriormente comenzó una relación con Ana Soria, ha mantenido desde entonces un perfil mucho más discreto.

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La entrevista más sincera de Enrique Ponce

Enrique Ponce en televisión. (Foto: YouTube)
Enrique Ponce en televisión. (Foto: YouTube)

En la entrevista también ha recordado algunos de los rituales que seguía antes de enfrentarse a una corrida. Uno de ellos tenía que ver con la alimentación. Antes de torear procuraba comer algo sencillo y fácil de digerir. «Me tomaba una pasta, solo con aceite de oliva», ha contado. Su objetivo era sentirse ligero y evitar cualquier problema durante el festejo.

Pero había otro hábito que terminó convirtiéndose en una de sus mejores herramientas para combatir los nervios: el golf. Con el paso de los años, Ponce comprendió que permanecer durante horas encerrado en una habitación antes de una corrida no siempre le ayudaba a controlar la tensión.

Por eso empezó a buscar una alternativa que le permitiera despejar la cabeza. En ocasiones jugaba el día anterior e incluso alguna mañana antes de una corrida. «Echaba un ratito, jugaba, comía y ya me quedaba tranquilo», ha recordado.

Si disponía de tiempo suficiente y había descansado bien, llegaba a jugar nueve hoyos antes de prepararse para el festejo. Para él, aquella actividad tenía un efecto especialmente positivo porque le permitía desconectar de la presión de la plaza.

«Jugar al golf me mantenía despejado», ha confesado. El paseo por el campo, el contacto con la naturaleza y el olor de la hierba recién cortada le ayudaban a afrontar las horas previas con mucha más tranquilidad.

Aquella forma de gestionar los nervios también refleja una evolución personal. En la última etapa de su carrera comprendió que necesitaba relativizar las cosas y no vivir permanentemente pendiente de la tensión que rodeaba a cada corrida.

«Al final de mi etapa como torero entendí que había que relativizar las cosas», ha explicado. Ponce ha reconocido que permanecer demasiado tiempo encerrado y concentrado podía aumentar su nerviosismo, por lo que terminó apostando por una manera diferente de afrontar la profesión.

Ahora, alejado de los ruedos, esa filosofía parece haber adquirido todavía más importancia. Después de décadas condicionadas por entrenamientos, viajes y corridas, Enrique Ponce encara una nueva etapa en la que busca vivir con mayor tranquilidad y disfrutar más de las pequeñas cosas.

«Yo creo que la vida hay que entenderla de la manera más simple, porque es así realmente», ha reflexionado. Una filosofía que resume con otra frase muy reveladora: «La vida es más para disfrutarla y no enfadarnos tanto».

Años después de su divorcio de Paloma Cuevas, de aquel enorme foco mediático y de su posterior relación con Ana Soria, Enrique Ponce parece haber encontrado una manera diferente de enfrentarse a su día a día. Su vida ya no transcurre entre plazas de toros y grandes tardes de expectación, pero su identidad como torero permanece intacta.

El reconocimiento de Bilbao llega así en un momento especialmente significativo. Ponce ha dejado atrás su etapa como profesional en activo, pero continúa vinculado emocionalmente a una profesión que, según sus propias palabras, no termina cuando se abandona el traje de luces.

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