Leah Barrs, la exniñera de Kourtney Kardashian, desmiente el rumor de un affair con Travis Barker

La exniñera de Kourtney Kardashian aclara que el hombre con el que se acostó no era Travis Barker, sino un amigo soltero cuando ella tenía 22 años. El rumor, alimentado por su docuserie en Hulu, ha quedado desmontado con declaraciones en el podcast de Harry Jowsey.

Leah Barrs no se ha acostado con Travis Barker. Y lo ha dejado claro, con vehemencia, para que no quede la menor duda. La exniñera de Kourtney Kardashian ha querido zanjar de una vez por todas el runrún que la persigue desde que confesó que se había acostado con un padre para el que trabajaba. Aquel padre no era el batería de Blink-182 ni marido de Kourtney, sino un amigo soltero en sus años de recién llegada a Los Ángeles.

La historia es puro Hollywood Drama de manual: un desliz juvenil, un programa de telerrealidad y un rumor que se dispara. Barrs, que hoy tiene 31 años y es uno de los rostros de Million Dollar Nannies, sacó a la luz su anécdota durante el pódcast de Harry Jowsey Boyfriend Material. La joven, entonces de 22, había terminado su turno y sucumbió a la atracción por un amigo. “Volvió de un evento, la hija dormía y técnicamente yo ya estaba fuera de servicio”, explicó. No hubo traición ni escándalo palaciego: solo un favor a un amigo que, años después, la prensa ha magnificado.

Una confesión inocente que se le ha ido de las manos

La secuencia original es casi banal. Según contó Barrs, aquella noche ayudó al hombre —un amigo al que siempre había encontrado atractivo— y la cosa fluyó. “Me hice un lío con él. Era algo tan insignificante, de hace tanto tiempo, que ha sido desproporcionado hasta el absurdo”, lamentó. La etiqueta de amante de Travis Barker le cayó encima porque su paso por la mansión Kardashian la sitúa automáticamente bajo la lupa, aunque el episodio ocurriera antes de que ella pisara la casa. El daño reputacional, sin embargo, ya estaba hecho.

La historia revela cómo un rumor sin base puede crecer en el ecosistema Kardashian hasta devorar los hechos.

Barrs no oculta que se arrepiente de haber cruzado esa línea mientras estaba contratada. “No debí hacerlo”, reconoció a People en junio, “fue algo de lo que me arrepiento”. Enseguida matiza: “Supongo que no me arrepiento, porque de los errores se aprende, pero ya no soy esa persona”. Esa dualidad, entre el remordimiento y el aprendizaje, es lo que más ha alimentado el morbo: una exniñera que admite haber traspasado los límites, aunque el protagonista masculino no sea quien todos pensaban.

De la familia Kardashian a su propia agencia

La llegada de Leah Barrs al universo Kardashian fue fruto del azar. Un pastor que conoció en Los Ángeles le dijo: “Creo que serías perfecta para el puesto. ¿Querrías trabajar para las Kardashian?”. Ella respondió con un eufórico “¡Sí!”. Durante su etapa al cuidado de Mason, Penelope y Reign —los hijos de Kourtney y Scott Disick—, la niñera aprendió más que a cambiar pañales. “Me enseñó a ser mejor trabajadora, a trabajar en red y a representar a esa familia”, recordó. La experiencia la impulsó a crear su propia agencia de niñeras de lujo, un giro profesional que hoy eclipsaría la polémica pasada.

El verdadero drama, el que alimenta el ecosistema mediático alrededor del clan Kardashian, es que cualquier figura secundaria se convierte en potencial titular. Una confesión sin nombre en un pódcast se transforma en un affair con el batería de Blink-182, como si el apellido Kardashian fuera un imán para el culebrón. Y la víctima, en este caso, es una joven que solo pretendía contar una anécdota de juventud.

La mecánica del rumor en la cultura de la celebridad

El caso Barrs recuerda a otros escándalos fabricados que han salpicado a personal doméstico de famosos. Sin ir más lejos, la propia Kourtney Kardashian ha lidiado con filtraciones y rumores sobre su vida privada desde que el reality show se convirtió en un fenómeno global. Lo interesante aquí es que el desmentido ha sido tan rotundo como innecesario: el rumor nunca tuvo una fuente sólida, solo una concatenación de suposiciones en redes sociales. Barrs ha tenido que gritar su verdad a los cuatro vientos para limpiar su nombre, y aun así, el daño colateral es inevitable.

La diferencia con otras polémicas similares —como el caso de la niñera de Britney Spears en 2007— es la velocidad con la que se propaga la mentira en plataformas como TikTok o X, donde un fragmento descontextualizado del pódcast bastaba para fabricar un titular. Y aunque la historia quede definitivamente archivada, el eco seguirá resonando mientras el apellido Kardashian esté en juego.

El Veredicto VIP

  • 📸 Imagen pública: El desmentido protege momentáneamente a Barrs, pero el estigma de la rumorología Kardashian es difícil de borrar.
  • 💎 El detalle de lujo: La línea entre el horario laboral y la vida personal, esa fina frontera que en la mansión de una celebridad se paga con reputación.
  • 🗣️ El entorno cuenta: Fuentes cercanas a Barrs insisten en que la joven solo busca que se hable de su agencia, no de una noche de 2018.