Jordi González ha abierto en canal su pasado más doloroso. El presentador de ‘Collapse’ en TV3 ha confesado en la Cadena SER el calvario que vivió en el instituto por culpa de su tartamudez, un acoso escolar que aún hoy le revuelve las tripas. «Me humillaban, me llamaban Gon Gon porque no era capaz de pronunciar mi apellido seguido», ha relatado en ‘A la cara’, el espacio de humor y entrevistas que conducen Xavier Sardà y Frank Blanco.
«Gon Gon», el mote cruel que aún le escuece
La burla infantil, un apodo que los niños repiten sin malicia aparente, se convirtió en una losa para un adolescente que ya cargaba con la frustración de no poder hablar con fluidez. «De pequeño y adolescente era tartamudo. Era una cosa que me jodía mucho», ha admitido sin filtros. Sin embargo su madre —que lo llevaba a logopedas— nunca dejó de buscar soluciones.
La tartamudez es un trastorno de la comunicación que afecta a un 5% de los niños, y en muchos casos desaparece con la edad. Pero en el caso de González, el clavo ardiendo vino de la mano de una aliada inesperada: su imaginación y un regalo de Reyes.
La grabadora de Reyes que lo cambió todo
Lo ha contado así: su madre, en lugar de rendirse, le regaló una grabadora de casete durante las fiestas navideñas. «Mira, esto lo que tienes que hacer es todos los días leer un poquito en voz alta, te grabas y te escuchas, y ya verás como poco a poco vas ganando confianza en ti mismo», le dijo. La intimidad de la habitación se convirtió en su primer estudio de grabación.
El adolescente empezó a grabarse leyendo, pero pronto descubrió que podía soltarse. Con 14 y 15 años, ya montaba programas de radio completos en su cuarto. «Me escuchaba todo el mundo. Yo no caía en que las paredes eran de papel», ha recordado entre risas en la SER.
El niño que no podía pronunciar su apellido terminó haciendo de la voz su profesión.
De la habitación al plató: así nació un presentador
Aquellas paredes finas del piso familiar en Barcelona sirvieron de involuntario altavoz. Los vecinos escuchaban sus programas radiofónicos improvisados y, según ha contado, se emocionaban al oírle. El eco de aquella grabadora aún resuena en cada monólogo de Collapse, el formato que conduce en TV3 y que considera su último gran proyecto profesional.
El camino no fue fácil, pero aquella grabadora le dio alas. Hoy, a sus 61 años, Jordi González es uno de los rostros más respetados de la televisión, y su historia de superación ya ha emocionado a miles de oyentes.
La tele catódica, la tartamudez y el poder de la vulnerabilidad
En una industria donde la apariencia y la dicción perfecta parecen requisitos innegociables, la confesión de Jordi González es un soplo de aire fresco. Pocos presentadores se atreven a mostrar sus grietas con tanta honestidad. Figuras como el propio Sardà o Andreu Buenafuente han hablado abiertamente de sus inseguridades, pero el testimonio del catalán va un paso más allá al vincular su éxito profesional directamente a un trauma infantil superado.
La tartamudez no define a un comunicador; la resiliencia, sí. González ha convertido una fragilidad en su mayor fortaleza. En un ecosistema televisivo que a menudo premia el descaro sobre la autenticidad, este relato sirve para recordar que las historias personales bien contadas son el mejor imán de audiencia. Y eso, en tiempos de crisis de la tele lineal, vale oro.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Conmovedor, pero sin escándalo. Ideal para un abrazo colectivo en Twitter.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Jordi González, que se humaniza y se gana el cariño del público. Pierden los acosadores anónimos de los ochenta, que quedan retratados para siempre.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Es muy probable que próximos platós de ‘El Hormiguero’ o ‘La Resistencia’ inviten al presentador a rememorar la anécdota. La historia tiene todos los ingredientes para un viral de la nostalgia.







