José Antonio Canales llegó a Cantora con la certeza de que iba a ver sus recuerdos hechos añicos. “Lo que yo tengo en la cabeza, sin entrar te hago un tour después de 42 años que flipas. Y ahora se me va a ir todo a tomar por culo”, había anticipado antes de cruzar la verja. No le faltaba razón.
El sobrino de Paquirri entró en El precio de Cantora, el espacio de Mediaset que se ha colado en la finca sevillana, y cada rincón le devolvió una puñalada. Un mes antes de la muerte de su tío, en agosto de 1984, fue la última vez que pisó aquel suelo. Desde entonces, la guerra de la herencia entre los Pantoja y los Rivera había hecho imposible la vuelta. Hasta ahora.
La piscina que ya no es piscina
El primer mazazo ha llegado al ver la piscina. Canales recuerda los chapuzones de su infancia, pero lo que ha encontrado es una selva. “Esto más que la piscina es el Amazonas. Esto da una pena”, ha confesado ante Santi Acosta mientras paseaba entre la maleza. El torero retirado ha mostrado incluso una estatua medio oculta entre la vegetación y ha contado una anécdota que todavía le saca una sonrisa.
Porque durante el recorrido, el dolor ha ido mezclándose con recuerdos muy vivos. Canales Rivera ha recordado a un Paquirri “muy niñero” que metía en cintura a todos con una sola voz y que, pese al paso del tiempo, sigue siendo la figura central de Cantora. Pero la decepción no ha tardado en teñirlo todo de amargura.
La plaza de toros, el sueño de Paquirri hecho un corral
El lugar más sagrado para su tío era la plaza de toros que él mismo mandó construir con toda la ilusión del que cumple un sueño. Canales ha entrado esperando reconocer la chimenea, la cabeza de toro disecada —que aún sigue allí, deteriorada—, el coso donde dio sus primeros pases con cinco años. Lo que ha visto es un escenario de abandono que le ha disparado la indignación: “Esto ha pasado de ser una plaza de toros a ser un corral, por lo que veo. Estoy enfadado porque aquí no habría ni una hierba. A lo mejor la casa no, pero ya te digo yo que esto así. Es una pena”.
Y ahí ha llegado el zasca con nombre y apellidos. “No entiendo ni a la madre ni al niño, porque el niño a partir de los 20 años yo creo que va siendo tiempo de dejar de ser niño y esto se merecía otro trato”, ha sentenciado, señalando directamente a Isabel Pantoja y a Kiko Rivera sin necesidad de pronunciar sus nombres. La frase resuena como un misil en la eterna guerra de los Pantoja.
La plaza de toros con la que Paquirri soñaba es hoy un corral donde crece la hierba, y en la familia nadie ha movido un dedo.
Dentro de la casa: el sillón de Paquirri y un audio que lo rompe
Pasar al interior ha sido todavía más duro. Canales ha recorrido las estancias donde echaba la siesta su tío, la sauna que sigue intacta, y ha echado de menos “los olores” que guardaba en la memoria. “¿Sabes lo único que me falta? Los olores. Afortunadamente no están los olores que yo recuerdo y percibía”, confesó. Pero el momento de mayor emoción no lo han protagonizado las paredes: ha sido cuando El precio de Cantora ha rescatado una cinta de 1993 en la que su abuelo Antonio Rivera hablaba de él y de por qué no quería que fuera matador.
Al escuchar aquellas palabras, el torero se ha derrumbado en plató. “No he querido contarle nada a mi madre para ahorrarle semanas de sufrimiento”, ha explicado después, al conocer que Teresa Rivera también se ha llevado un disgusto al ver el estado actual de la finca. Dos generaciones, un mismo dolor que Cantora mantiene congelado en el tiempo y en el polvo.
Cantora, el campo de batalla sentimental que nunca se apaga
La visita de Canales Rivera no es solo un pieza televisiva: es un capítulo más en la larguísima telenovela que la familia Pantoja protagoniza desde que Paquirri murió. Cada palmo de Cantora es un testigo mudo de desencuentros, herencias sin resolver y silencios cargados de reproches. Que ahora un sobrino —un Rivera, para más señas— ponga el dedo en la llaga del abandono tiene un valor simbólico que ningún comunicado oficial va a neutralizar.
Mientras Isabel Pantoja siga sin pisar la finca o sin pronunciarse sobre su mantenimiento, y Kiko Rivera se mantenga en su habitual perfil bajo con chispazos esporádicos, Cantora seguirá siendo el elefante en la habitación de una saga que nunca termina de cerrar sus heridas. Y que, de vez en cuando, regala momentos de televisión tan brutales como el de este miércoles, retransmitido en Telecinco.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 9/10. Porque no es un drama nuevo: es una guerra de 40 años revivida en plató y con imágenes que duelen.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Canales Rivera, que se ha quitado una losa emocional. Pierden Isabel Pantoja y Kiko, señalados por dejar morir el legado de Paquirri.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Kiko o Isa soltarán un comunicado o un directo, pero la imagen de la plaza hecha un corral ya no la borran ni con veinte portadas de ¡Hola!.







