Quedaban tres semanas —o cuatro, que el calendario exacto nunca trascendió— para el ‘sí, quiero’ y Pitingo y Laura Escuredo han decidido que no. Se acabó. La boda se cancela, la pareja se rompe y el culebrón sentimental del cantaor suma un nuevo capítulo que ayer pilló a todos con el pie cambiado.
El flechazo que prometía y la boda que no será
Fue en febrero cuando la pareja anunció su compromiso con la ilusión de quien reencuentra a su primer amor tres décadas después. “La conocí hace más de 30 años y la vida nos ha unido otra vez”, contaba Pitingo en abril, apenas unas semanas antes de que el castillo de naipes se viniera abajo. Ella era la mujer serena, de corazón enorme, que le devolvió la calma tras una separación complicada. El flechazo parecía de película: ambos con hijos de 14 años, ambos recién separados, ambos convencidos de que el destino les daba una segunda oportunidad.
Pero el guion ha girado de repente. Según ha podido saber esta redacción, el programa Sonsoles desveló este jueves la ruptura en exclusiva. Fuentes cercanas a la pareja aseguran que no hay terceras personas: simplemente se han dado cuenta de que no eran las almas gemelas que pensaban.
Se habían reencontrado 30 años después, pero esta vez el cuento de hadas no terminó en boda.
Mutuo acuerdo, sin terceras personas… y con el desgaste como villano
La versión oficial es de separación tranquila, de mutuo acuerdo y cordialidad. Pitingo ya se ha mudado a un ático con su hijo para encarar esta nueva etapa, según contó la colaboradora Pilar Vidal. El desgaste, ese enemigo silencioso de las relaciones, ha sido el detonante. Ni traiciones, ni dramas de portada: solo la constatación de que la prisa por casarse quizá fue más emoción que certeza.
El cantaor, que siempre ha sido muy hermético con su vida privada, ya avanzó hace unos meses que prefería centrarse en lo suyo: “Estoy, sobre todo, cantando, cantando, cantando y cantando, que esa es mi vida”. Y a eso se aferra ahora, después de un año y medio de resaca emocional desde su divorcio de Verónica Fernández y el breve romance con Victoria que ocupó los titulares en 2025.
Treinta años después, la historia de amor que no cuajó
Da vértigo pensarlo: Pitingo y Laura se conocieron cuando él tenía 14 y ella 15. La vida los separó, los volvió a juntar cuando ambos arrastraban divorcios y los puso frente a un altar que ya no pisarán. La mayoría de las fuentes coincide en que no hubo bronca, solo un ‘hasta aquí’ maduro. Pero en el imaginario del corazón duele un poco más cuando la ruptura llega con los catering casi cerrados.
Quizá esta cancelación sea el cierre de un patrón que se repite: Pitingo salta de una relación a otra buscando la calma que la fama le roba, y cuando el compromiso se acerca, la realidad se impone. Con Laura funcionó hasta que dejó de funcionar. Sin villanos, sin escándalo, solo dos personas que se miraron y no se vieron para siempre.
Y ahora, la pregunta del millón: ¿dará el cantante explicaciones más allá de su música o elegirá el silencio que tantas veces ha practicado? De momento, la boda queda cancelada y el corazón de Pitingo, otra vez en pausa. Nosotros, con el clip de Sonsoles en bucle y la sensación de que el verdadero drama no está en la ruptura, sino en todo lo que se calla.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 6/10. Cancelar una boda a semanas del evento siempre tiene su punto, pero sin terceras personas ni escándalo, se queda en drama contenido.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana la prensa del corazón, que se apunta una exclusiva jugosa. Pierde Pitingo, que suma otra ruptura mediática a su historial.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Si el cantante rompe su hermetismo, en un par de semanas lo veremos contando su verdad en alguna revista o programa. Si no, silencio hasta el próximo disco.







