El pueblo de 35 habitantes donde ha crecido Irene Montero: está en Ávila y tiene un río precioso

El pueblo donde creció Irene Montero es uno de esos lugares que apenas aparecen en los mapas mentales de la mayoría, pero que encierran una historia mucho más profunda de lo que su tamaño podría sugerir.

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Tormellas, un rincón con mucho encanto

El pueblo de Irene Montero. (Foto: Instagram)
El pueblo de Irene Montero. (Foto: Instagram)

Tormellas, más allá de su vinculación con figuras públicas, es un ejemplo muy claro de la llamada España rural de montaña. Situado en la vertiente occidental de la Sierra de Gredos, a más de 1.000 metros de altitud, el municipio se caracteriza por un paisaje abrupto, moldeado por el granito y por la presencia constante del agua. La arquitectura tradicional se mantiene prácticamente intacta: casas de piedra con gruesos muros de mampostería, pensadas para resistir los inviernos duros y los veranos secos de la zona. Muchas de ellas conservan todavía las típicas solanas de madera, balcones orientados al sur que servían para aprovechar al máximo la luz solar y secar alimentos o tejidos.

Las calles del pueblo reflejan esa adaptación histórica al terreno. No existe un trazado urbano regular, sino un entramado de callejuelas estrechas, empinadas en algunos tramos, que se abren paso entre viviendas antiguas, muros de piedra y pequeñas zonas ajardinadas. El suelo combina el asfalto con tramos de empedrado original, lo que refuerza la sensación de estar en un lugar detenido en el tiempo. En el centro del municipio destaca la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un edificio de piedra que actúa como punto de referencia para los pocos vecinos que habitan el núcleo durante todo el año.

El agua es otro de los grandes protagonistas del entorno. La Garganta de los Caballeros, afluente del río Tormes, atraviesa el término municipal y configura buena parte de su paisaje natural. Sus aguas frías y transparentes descienden desde las cumbres de Gredos formando pozas y tramos de gran belleza, rodeados de rocas pulidas por la erosión.

Este río no solo es un elemento paisajístico, sino también un punto de encuentro en verano, cuando los vecinos y visitantes aprovechan sus orillas para refrescarse y socializar en un entorno completamente natural. A su alrededor crecen robles melojos, castaños, fresnos y vegetación de alta montaña que refuerza la sensación de aislamiento y pureza ambiental.

La vida en Tormellas está marcada por la estacionalidad. Durante el invierno, el pueblo queda prácticamente reducido a su mínima expresión, con apenas unas decenas de habitantes, en su mayoría personas mayores o vinculadas al sector ganadero. No hay grandes comercios ni infraestructuras urbanas; el abastecimiento depende en gran medida de servicios itinerantes y de la cercanía de El Barco de Ávila, situado a unos pocos kilómetros. Sin embargo, en verano la situación cambia de forma radical: las casas se abren, regresan los descendientes de antiguos vecinos y el pueblo recupera una actividad social intensa, con reuniones familiares, celebraciones improvisadas y una vida comunitaria que gira en torno a la naturaleza.

Esa transformación estacional es también la que marcó la infancia de Irene Montero. Según ha relatado en distintas entrevistas, sus veranos transcurrían entre baños en el río, paseos por los caminos de piedra y largos periodos de juego al aire libre, en un entorno donde el contacto con la naturaleza era constante. Esa experiencia vital contrasta con su posterior trayectoria política en la ciudad, pero sigue siendo un elemento importante que ella misma ha reivindicado como parte de su historia personal.

En los últimos años, sin embargo, el vínculo entre la localidad y la figura de la política ha generado cierta controversia en el propio municipio. Algunas voces vecinales han manifestado públicamente diferencias ideológicas, señalando que el pueblo mantiene mayoritariamente un perfil conservador. Aun así, más allá de esas discrepancias, Tormellas continúa siendo el lugar donde se encuentran las raíces familiares de Montero y uno de los escenarios fundamentales de su biografía temprana.

En conjunto, este pequeño enclave de Ávila representa mucho más que un punto geográfico en el mapa. Es un espacio donde la memoria personal, la historia familiar y el entorno natural se entrelazan de forma inseparable. Y aunque hoy en día su vida transcurra lejos de allí, Tormellas sigue siendo, para Irene Montero, uno de esos lugares que no se abandonan del todo nunca, porque permanecen ligados a la infancia, a la identidad y a la forma de entender el mundo.

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