A la princesa Leonor le han ahorrado el bochorno de tener un manual de instrucciones. Y mira que en Zarzuela lo pensaron. Barajaron redactar un código de conducta, un vademécum del heredero, como quien escribe los pasos a seguir en un baile de gala. Pero la idea se quedó en el cajón.
«Nunca se ha redactado un código de conducta», confiesa José Apezarena, periodista experto en la Casa Real y autor de Los hombres de Felipe VI, en una entrevista recogida esta semana por Lecturas. «Aunque en ocasiones la Zarzuela se planteó escribir una especie de vademécum del heredero», añade. La revelación, en pleno 2026, llega cuando la princesa de Asturias ya tiene 20 años y varias citas institucionales a sus espaldas. Y sin embargo, nadie le ha entregado un cuaderno con las reglas del juego.
Lo que nunca se escribió (pero que ya se sabía)
A falta de documento oficial, la Casa Real ha funcionado siempre con una coreografía invisible de gestos y silencios que la heredera parece haber interiorizado desde la cuna. Según explica Apezarena, se les aconseja «mostrarse naturales, sonreír en la medida de lo posible, mirar a los ojos cuando hablan con alguien, escuchar, respetar a quienes les ayudan, dar las gracias». Pequeñas pautas que suenan a educación básica, pero que en un miembro de la realeza tienen un peso político enorme.
Y luego está la regla de oro: no hablar demasiado y jamás emitir opiniones sobre asuntos discutibles. En una monarquía parlamentaria la neutralidad no se negocia. Leonor, por tanto, debe ser cercana pero no espontánea; cálida pero sin desdibujar la distancia institucional. Un ejercicio de equilibrista que su padre domina desde hace décadas.
Porque el verdadero manual de la princesa no está en un pendrive de la Zarzuela, sino en el espejo que tiene en casa. Felipe VI, con su capacidad para «no perder nunca la compostura» —como subraya el periodista—, le ha mostrado el camino sin necesidad de una sola línea escrita. Las cartas que don Juan Carlos envió a su hijo cuando estudiaba en Lakefield, llenas de consejos sobre cómo debe comportarse un heredero, son el único documento físico que se le parece. Y Felipe las sigue a rajatabla.
No existe un código escrito, pero Leonor se mueve como si se hubiera criado dentro de uno.
¿Y si el código ya existe sin estar escrito?
Apezarena insiste en que la monarquía española es menos rígida de lo que se piensa. Los protocolos se han ido flexibilizando con los años: ya no se exige la reverencia femenina ni la inclinación masculina, y la idea de que no se puede hablar al rey salvo que él tome la iniciativa ha quedado casi desterrada. La mayoría de los protocolos se ha flexibilizado al ritmo de la sociedad. Leonor encarna esa evolución: una heredera que representa la continuidad sin anclarse en gestos arcaicos.
Quizá por eso la verdadera inteligencia de Zarzuela haya sido no escribir nada. Porque un código de conducta oficial, con sus artículos y sus prohibiciones explícitas, terminaría siendo un campo minado. Cada vez que la princesa se saliera del guion —o pareciera hacerlo—, la prensa lo sacaría a pasear. Sin papel, la institución se blinda: Leonor simplemente actúa como se espera de una futura jefa del Estado. Y si se equivoca, puede corregirlo sin que nadie le saque el reglamento.
La lección que subyace es clara: el mejor código de conducta es el que nunca se escribe, porque así la heredera no puede ser acusada de incumplir un párrafo concreto. La monarquía se aprende por ósmosis, observando a los mayores, escuchando las anécdotas de palacio y asumiendo que el error se paga en portadas. Leonor, a juzgar por sus apariciones recientes recogidas en la biografía de la princesa en Wikipedia, parece haber entendido el mensaje.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Se barajó un manual, se desechó y ahora sabemos que Leonor se maneja sin chuleta. El salseo es anecdótico, pero el dato es oro para los cronistas de la Corona.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Leonor, que demuestra que la formación supera al papel. Pierde —si acaso— el asesor que propuso el vademécum y se quedó sin proyecto estrella.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Difícil. La historia no da para portada escandalosa; más bien alimenta el imaginario de la princesa como figura que no necesita manuales. Eso sí, si Leonor comete un desliz, alguien sacará el fantasma del código que nunca fue.







