El caso de la la ganadora de la octava edición del concurso de Masterchef, Ana Iglesias, ha sido original y ha tenido si cabe algo más de mérito que otras ediciones. Ya no solo por razones del buen hacer en la cocina y que los platos resulten atractivos y suculentos, sino por otros motivos, que también suponen un plus de meritocracia y, por qué no, valentía. Eso mismo es lo que ha demostrado esta empresaria y amante de la cocina que, sin perder su amplia sonrisa y sin pretenderlo, ha conseguido el premio de uno de los programas más vistos y populares de la televisión.

Por un lado, Ana Iglesias, que antes de entrar en Masterchef se dedicaba a la alta joyería, y ha sabido fusionar ambas pasiones, cuyos platos ya desde el principio apuntaron maneras a pesar de que apenas ella misma se diera cuenta. Poco a poco su positividad le llevó a mejorar hasta alzarse con el premio en plena pandemia del covid-19 y con rivales con garra y, ciertamente, polémicos entre las cocinas de esta edición de ‘Masterchef’.

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La final creo mucha expectación. El último menú competía con otros dos grandes cocineros del concurso: Iván Mariñas y Andy García. Pero el platop ganador, propio de una estrella michelín sorprendió e hipnotizó a los tres miembros del jurado Jordi Cruz y Samantha Vallejo Nágera y Pepe Rodríguez. El menú consistió en unas ostras con perlas de champán, un consomé de jamón ibérico con granizado de melón y pichón a baja temperatura con setas. Y de postre, , un alfajor deconstruido. Todo un emplatado de vanguardia arriesgado y, por lo tanto, ganador.