La presentadora, convertida en colaboradora de El Hormiguero, se dedica ahora a sonrojar a los medios de comunicación. Una actitud algo inesperada y sorprendente.

Nuria Roca tiene sección propia en El Hormiguero. No sé si es un ascenso en su trayectoria profesional o un descenso a los infiernos teniendo en cuenta que fue presentadora de primer nivel hasta que los fracasos, uno detrás de otro, le hicieron recalar en TV3 -de donde fue despedida- y después en Mediaset donde resbaló con un programa que ni recuerdo.

Ahora se dedica a insuflar moralina a los medios de comunicación. Lo hace repasando titulares que, según ella, son pura bazofia. No lo dice así, pero es lo que piensa frente al Pablo Motos más vengativo. Con esta sección, el de Requena parece querer demostrar que eso que se cuece en foros digitales sobre su difícil carácter y sus agrias maneras son parte de la ciencia ficción de la prensa. Pero vayamos a lo que vamos.

Nuria Roca y Pablo Motos en El Hormiguero, en una fotografía de archivo

En su última intervención -con Ana Pastor azuzando al personal- Roca quiso destacar las noticias sobre el propio programa que se publican en España. La valenciana resaltó la grandilocuencia de la prensa al considerar noticiables anécdotas o malos entendidos ocurridos en el programa. Aquello parecía un tirón de orejas continuo. Un despiporre que el público, un tanto guiado, aplaudía y casi veneraba.

El día que resucitaron a Dani Martin

Dani Martin fue guillotinado en directo para luego resucitar milagrosamente en el mismo programa.

El escarnio me produjo salivación y malestar. Les veía disfrutando del ensañe. Me hubiera gustado que Nuria recordara también las ocasiones en las que El Hormiguero usó la hipérbole televisiva para retener a la audiencia. Como, por ejemplo, la noche en la que mataron y resucitaron a Dani Martín. Aquel espectáculo acumuló infinidad de críticas y comentarios que ellos rentabilizaron con un share astronómico.

No molesta que hagan crítica -aunque rozan la burla o el insulto- pero sí sería interesante que revisaran sus anales históricos y destacaran sus momentos más hirientes, polémicos o sensacionalistas. Más que nada por eso de que nos riamos todos de todos. No solo de unos cuantos.