Su ingreso hospitalario fue de carácter urgente. Raquel Mosquera había sufrido un grave brote psicótico que le hizo protagonizar, según ha podido saber esta revista, un episodio muy violento en su casa de Madrid. Tras ser calmada por su novio, Isi, fue trasladada al hospital Puerta de Hierro donde se le sometió a un reconocimiento que, en efecto, obligó su ingreso en el área de psiquiatría.

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Raquel Mosquera en una foto de archivo antes de su ingreso hospitalario

Durante los días posteriores a su hospitalización, mutismo absoluto por parte de la familia y de los representantes. Ni Chema Martínez, ni Amelia Azorín, ni tampoco los hermanos de la peluquera quisieron aclarar en qué situación real se encontraba: “Lo máximo que podemos decir es que estaba pasando una etapa con muchos sobresaltos, había triunfado en televisión y su nuevo estatus le estaba pasando factura”, explicaron a Cotilleo.es durante las ocasiones en las que nos pusimos en contacto.

Los representantes de Raquel ya empiezan a tantear la negociación para que comparezca en televisión y pueda explicar qué ha sucedido en su último ingreso hospitalario

Fue el pasado viernes, tal y como estaba previsto, cuando Raquel abandonó las instalaciones hospitalarias. Lo hizo con premeditada alevosía, de incógnito, para evitar que fuera inmortalizada. Los representantes de la viuda de Pedro Carrasco consiguieron impedir que los fotógrafos pudieran retratar las evidencias del último brote. Sin embargo, esta revista ha podido saber que los mismos ya han puesto sobre la mesa el precio por el que Raquel explicará, sin problemas ni titubeos, qué le ha pasado realmente.

Tony Anikpe en Majadahonda, Madrid. 03/10/2016
Toni Anikpe a su llegada al hospital Puerta de Hierro en el que se encontraba Raquel Mosquera

También, dicen, abordará la polémica con Tony Anikpe, padre de su primera hija, que está dispuesto a luchar para conseguir la custodia total de la pequeña. Un gesto que los familiares de Mosquera descartan que finalmente llegue a producirse. Este medio ha intentado, sin éxito, hablar con Raquel. Su buzón está colapsado y prefiere no responder a los mensajes que saltan en su pantalla. Claro, a no ser que haya retribución por medio.