ruleta coronavirus

En estas épocas sin tiempo que nos toca vivir, signadas por el enclaustramiento obligatorio y la incertidumbre diaria, pareciera que nuestro libre albedrío ha dejado de ser el motor de nuestras decisiones, y que vivimos sujetos a las contingencias políticas y sanitarias, como si una mano gigante tirara unos dados invisibles delante de nuestras vidas para movernos como figuras de plástico sobre el tablero de la existencia: ahora haréis esto, luego os comportaréis así, después trabajaréis desde casa. Y así sucesivamente.

Una ruleta aplicada a la vida personal

Esta sucesión de gestas del azar también se puede aplicar lúdicamente al ámbito privado, como hizo la reconocida celebridad argentina Jimena Cyrulnik junto con su exmariado, Lucas Kirby. La expareja, que decidió pasar la cuarentena con sus dos hijos, Calder y Tyron, desarrolló un método novedoso para repartirse las tareas domésticas y el ocio compartido: una ruleta en la que, en vez de números, se anotan responsabilidades como «llamar a los abuelos», «hacer la tarea con los chicos», «limpiar la casa», «lavar ropa» e incluso, bien de acuerdo a la impronta argentina, «abrir un vino».

Así, al igual que en el campo público, la vida privada queda reducida a un juego de azar en las personas se resignan a la suerte echada frente a ellos. Parece una manera bastante acertada de homologar la realidad de los tiempos de coronavirus con el ámbito hogareño, aunque la picardía de Cyrulnik la llevó a colgar la ruleta y, por razones de gravedad, la llave siempre cae en «abrir un vino».

Como se señala en esta página, la ruleta tiene un atractivo ineludible, tanto por su elegancia tradicional como por su mandato imperativo, que no depende de la mano que la hace girar ni de la voluntad de los jugadores, sino de su propio capricho circular, de su invisible espontaneidad atada a las leyes de la física. Es por eso que este juego permanece como el preferido de la mayoría de los apostadores, y mantiene su vigencia a través de los tiempos y las culturas, a pesar de las duras leyes impuestas para restringir el juego en muchos países.

Un tipo más peligroso de ruleta

La mayoría de los gobiernos europeos ha tomado medidas estrictas para prevenir el contagio del coronavirus, que incluyen el distanciamiento social, el trabajo desde casa, y todo una serie de conductas preventivas, como el lavado constante de manos y el uso de equipamiento de protección. Sin embargo, hay otros gobiernos que, según la opinión del profesor Björn Olsen, del Departamento de Virología de la Universidad de Uppsala, parecieran no estar jugando a la ruleta tradicional con sus poblaciones, sino a la ruleta rusa. Tal es el caso de los gobiernos liberales de Suecia, Brasil, Estados Unidos y, hasta hace poco tiempo, también Gran Bretaña. En estos países se ha fomentado mucho menos el distanciamiento social, y algunos funcionarios gubernamentales parecieran estar resignados a que la población se contagie tarde o temprano; así pues, han preferido no detener las actividades productivas como se ha hecho en España para salvaguardar el bienestar de la población. En esta ruleta, el imperativo económico pesa mucho más que el sanitiario, y los mandatarios asumen que no se pueden detener las revoluciones de los procesos productivos, aun cuando la vida esté en riesgo. Ruletas, hay muchas y para todos los gustos.

El azar cotidiano: la invisible bolilla del destino

Los aspectos más irrelevantes de la vida cotidiana ahora dependen de condiciones azarosas y hasta lúdicas: todo lo que se toca es potencialmente peligroso, ya que se trata de un enemigo invisible que no se puede detectar a simple vista. Así pues, las mínimas salidas al mundo exterior requieren de todo tipo de protección e indumentaria, como barbijos, gafas, guantes y todo lo que el jugador considere necesario para atraer la suerte a su lado; sin embargo, como en todo juego, el resultado final no estará vinculado a la voluntad de los participantes sino a las contingencias arbitrarias del momento. Hubo un tiempo (hace apenas algunos meses atrás, pero que ahora parece lejano y remoto), en el que la vida parecía más sujeta a las decisiones personales que al azar; tal vez esa potencial libertad fuera una ilusión, pero hoy se ha vuelto la utopía de gran parte de la población mundial.

Dónde caerá esta bolilla

La gran incógnita en este juego es, sobre todo, lo que ocurrirá en el famoso «día después de mañana»: cómo se verá el mundo cuando el coronavirus haya pasado de su etapa más incontrolable. ¿Volveremos a las actividades normales? ¿Volveremos a las conductas sociales del pasado? Los mandatarios parecen incapaces de predecir cómo se verá el mundo una vez que esta partida haya terminado.