Los Harper’s Bazaar Women of the Year volvieron a Claridge’s con Cate Blanchett, Mikey Madison e Isla Fisher en primera fila.
El hotel Claridge’s, en pleno Mayfair, con su fachada de ladrillo oscuro y sus salones de roble y mármol, ejerció de escenario de una ceremonia que cada año señala a las mujeres del curso en cine, moda, cultura, deporte y escena. Aquí no hay alfombra kilométrica ni taquilla: hay una lista de nombres con criterio y una fotografía de familia que la revista publica al día siguiente.
Glenn Close se corona como Icon y Mikey Madison confirma su año
El galardón principal, el de Icon, recayó en Glenn Close, estrella de All’s Fair. A su lado, la actriz Mikey Madison, ganadora del Oscar, sumó una estatuilla más a un curso que la industria ha decidido mimar. Una edición que mezcla generaciones sin fricción aparente.
Sarah Burton, Amelia Dimoldenberg y el National Theatre: la gala también premia el oficio
La nómina de galardonadas explica mejor que cualquier discurso el criterio de la casa. Amelia Dimoldenberg, la entrevistadora de Chicken Shop Date, se llevó el premio a la Innovación; Kate Varah e Indhu Rubasingham, co-consejeras delegadas del National Theatre, fueron reconocidas como Changemakers; Sarah Burton, al frente del diseño de la maison Givenchy, recibió el suyo por su labor creativa; y la modelo Stephanie Cavalli tuvo el reconocimiento del oficio.
Cate Blanchett, Sam Taylor-Johnson, Claudia Winkleman, Dina Asher-Smith y Bella Maclean completaron la lista de estatuillas. La nómina combina estrella de cine, presentadora y atleta sin que el conjunto chirríe.
Hubo, además, apariciones que no estaban en el guion: Isla Fisher, Elizabeth Debicki y Letitia Wright se dejaron ver por el salón sin figurar entre las premiadas. En una noche de listas cerradas, lo imprevisto también suma.
Las invitadas que nadie anunció aportan a la gala lo que ningún comunicado consigue: la sensación de que algo ocurre de verdad.
Conviene detenerse en el formato. Frente a los grandes premios de la temporada, aquí no hay retransmisión con cuenta atrás ni front row jerarquizado. La liturgia es más íntima y el mensaje, más nítido: una mesa, un micrófono y una estatuilla que no lleva aparejada taquilla pero sí portada.
Por qué el formato de Claridge’s funciona mejor que una gran alfombra
La comparación con la edición estadounidense de la misma cabecera resulta reveladora. Harper’s Bazaar convoca en Estados Unidos su propio Icons, con Céline Dion, Charlotte Rampling, Cara Delevingne o Kim Gordon en la lista de este año; el gesto es idéntico, pero el pulso es distinto. En Londres, la ceremonia ha ido derivando hacia un retrato del trabajo femenino en sentido amplio: una presentadora de YouTube, dos gestoras teatrales, una diseñadora de primera línea y una modelo comparten el mismo estante.
Ese eclecticismo es la virtud y también el límite, porque una gala que premia a todo el mundo diluye el relato. No es un detalle menor, sin embargo, que Burton —con una carrera decisiva en Alexander McQueen antes de asumir la dirección creativa de Givenchy— ocupe el lugar que le corresponde en la crónica de la moda británica, ni que el National Theatre use su tribuna para recordar el peso del sector público en la cultura. Ahí la noche gana densidad.
Queda la pregunta de siempre: qué se convierte en campaña y qué se queda en fotografía. La temporada londinense no se detiene y las citas de diciembre servirán para medir si esta lista se traduce en portadas, contratos y presupuestos. De momento, Claridge’s ya ha cumplido su función: dar a la imagen un marco que no necesita adjetivos.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: Blanchett y Madison comparten plano y la gala gana autoridad: dos generaciones bajo un mismo relato de prestigio.
- 💎 El detalle de lujo: Claridge’s, cinco estrellas de Mayfair, reserva su salón principal con meses de antelación para citas de esta escala.
- 🗣️ El entorno cuenta: La crónica de la cabecera subraya el factor sorpresa de unas invitadas que llegaron sin premio y sin aviso previo.







