María del Monte ha publicado un libro y, de paso, ha explicado cómo se conduce una relación de pareja. Spoiler: con cambio manual, acelerador y embrague incluidos.
El libro que nació de una entrevista, no de una vocación literaria
El volumen se titula Si el corazón se equivoca, se le perdona y no llega con ínfulas de tratado: llega como lo que es, la vida de la cantante ordenada en capítulos cortos. Detrás hay más de cuatro décadas de carrera que su ficha de Wikipedia resume en cifras y fechas. Ella lo cuenta de otra manera: no es el libro de una literata, es el libro de la vida.
A ver, que nadie se lleve a engaño: María del Monte nunca se había planteado escribir. Lo que abrió la puerta fue una entrevista en la que habló de la falta de tiempo para acompañar a los demás. De ahí al manuscrito, un paso.
Su única condición fue no parecer escrita por otra mano. ‘Mi única preocupación era que la gente me reconociera, que no pensaran: a esta le han escrito el libro’, confiesa. Capítulos cortos, lenguaje de casa y cero pretensión de taller literario.
El miedo atraviesa las páginas y ella se niega a maquillarlo: ‘Hay mucha gente que dice que le tiene respeto. Qué puñetas: es miedo’. Su primer encontronazo con la muerte fue con su padre, siendo niña, y todavía lo recuerda con la misma frase: ‘Me reventó’. Lo que sí tiene claro es lo que viene después: ‘Sé que, si palmo, volveré’.
Muchos famosos firman libros que escriben otros. Este, por suerte, suena a María del Monte hasta en los silencios.
Inmaculada, el acelerador y el embrague
Cuando le preguntan por su pareja, no recurre al tópico de la felicidad infinita. Recurre al automóvil. ‘Tener pareja es como subirse a un coche con el cambio de marchas manual’, dice, y avisa de que hay que manejar acelerador y embrague o ‘el coche se cala’.
Con Inmaculada lleva kilómetros y no piensa frenar. ‘Los que tengan que venir, sin lugar a dudas’, asegura, después de sentenciar que los recorridos hasta hoy han sido ‘extraordinarios y maravillosos’.
En el reparto de papeles se ve pausada y serena; a Inmaculada la define como ‘más polvorilla’. Del cómputo saca una conclusión que es casi un titular: hemos sumado alegría y la hemos multiplicado. Toma ya.
Lo que María del Monte no ha querido vender nunca
Hay una frase que resume su postura vital y que pronunció en una ocasión junto a Sonsoles: ‘vivir es urgente’. Menos acumular, más conversación; menos lujo, más refresco en casa con quien toca. En ese mismo paquete entra una rareza de su gremio: no ha vendido exclusivas ni ha comercializado su vida privada. Reconoce que la decisión le ha costado derechos y, aun así, respeta a quien hace lo contrario.
Vamos por partes. En un ecosistema en el que casi todo se vende, el de los libros de famosos, el de las exclusivas, y el de las bodas retransmitidas, ella ha renunciado a la caja rápida. Le ha costado dinero y, probablemente, algo de poder. Pero la credibilidad no se compra en una portada: cuando habla de su padre o de Inmaculada, no hay personaje. Y eso, hoy, es carísimo de fabricar.
Queda el detalle televisivo. En ‘Hasta el fin del mundo’, el formato de la web oficial de RTVE, se enfrentó a su inseguridad más grande: viajar. No le gusta salir de España y lo dice sin rodeos, pero se subió al avión. ‘Soy de coger el toro por los cuernos’, explica, y admite que a veces ‘el toro me ha dado una corná’. Desde entonces, dice, se ducha de otra manera.
Ahora tiene menos prisa, conserva absolutamente todo de aquella María del Monte que empezó a finales de los ochenta y ha aprendido a saborear lo pequeño. El libro ya está en las librerías; la duda es cuánto tardará alguien en ofrecerle una exclusiva por la siguiente entrega. Ella, de momento, no tiene prisa para todo.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Salseo cero, ternura máxima; el único conflicto aquí es con el victimismo ajeno.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana ella, que se queda con la credibilidad; pierde el mercado de la exclusiva, que se queda sin material.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Portada en revista del corazón en semanas, pero con declaraciones sueltas, no con contrato firmado.







