Letizia Ortiz Rocasolano nació en Oviedo el 15 de septiembre de 1972 y cumple 54 años en un cargo que no aparecía en su biografía cuando empezó a trabajar: reina consorte de España. Antes de instalarse en Zarzuela fue periodista —prensa local, agencias y televisión— durante una década, y ese oficio quedó interrumpido por el compromiso que la Casa del Rey anunció el 1 de noviembre de 2003. Desde entonces, casi todo lo que se sabe de ella ha llegado filtrado por su posición institucional.
Esta lista repasa siete momentos que ayudan a entender ese tránsito: no es una biografía completa ni un orden de importancia, sino una selección de episodios que cambiaron su lugar público o su vida privada. Los hay institucionales, como la boda de 2004, la proclamación de 2014 o la jura de la Princesa, y los hay estrictamente personales, como la muerte de su hermana Érika o los años del caso Nóos. Entre unos y otros se ve qué se le ha exigido en cada etapa.
1La boda de La Almudena: la periodista que se casó con el príncipe (22 de mayo de 2004)
El 22 de mayo de 2004, Letizia Ortiz Rocasolano se convirtió en princesa de Asturias al casarse con Felipe de Borbón en la catedral de la Almudena de Madrid. El enlace tuvo un peso histórico difícil de exagerar: era la primera boda real que se celebraba en la capital desde 1906 —la de Alfonso XIII y Victoria Eugenia— y la primera de carácter estatal en España en más de medio siglo, además de la primera que acogía el templo madrileño, consagrado por Juan Pablo II en 1993. Pero el verdadero motivo de su relevancia estaba en la novia: una periodista divorciada, presentadora del Telediario de TVE, sin sangre azul, que se convertía en la primera plebeya en entrar en la línea sucesoria al trono en varios siglos. Esa circunstancia cambió para siempre la imagen de la Corona.
La jornada, pasada por agua, se siguió en directo en todo el mundo: unos 25 millones de espectadores en España y en torno a 1.200 millones en el conjunto del planeta, con casi 5.000 periodistas acreditados de 45 países. Ante más de 1.200 invitados, entre representantes de una treintena de casas reales y varios jefes de Estado, la pareja pronunció unos votos propios en lugar del tradicional «sí, quiero». La lluvia obligó a Letizia a llegar en un Rolls-Royce en lugar de caminar hasta la catedral, con unos 20 minutos de retraso, y a renunciar al esperado beso en el altar, sustituido por uno en la mejilla ya en el balcón del Palacio Real. El vestido de Manuel Pertegaz, con cuello corola y una cola de 4,5 metros, se convirtió en el gran icono de un enlace que marcó el paso de la periodista a la reina.







