Mar Flores, la icónica modelo que en los noventa acaparaba portadas a un ritmo vertiginoso, vuelve a estar en boca de todos. Esta vez, sin embargo, la razón no es un posado, un contrato millonario, ni, como en otras ocasiones, una sonada polémica familiar con su hijo, Carlo Costanzia. La noticia ahora tiene que ver con pañales, biberones y tardes de juegos: la recién estrenada doble faceta de abuela de la it-girl ha quedado al descubierto, y lo ha hecho con una naturalidad que ha descolocado hasta a sus críticos más acérrimos.
La pregunta que nadie esperaba (y la respuesta que ella sí dio)
El contexto era, a priori, inofensivo. Con Alejandra Rubio preparando el lanzamiento de su primera novela romántica —un salto profesional que en el clan Costanzia-Rubio ha pillado a más de uno con el pie cambiado—, los micrófonos se giraron hacia su suegra en busca de una reacción. Mar Flores, abordada por Europa Press, no solo no esquivó el tema, sino que se lanzó a un torrente de declaraciones que mezclan su orgullo de abuela con una confesión reveladora sobre la montaña rusa emocional que es su relación con su hijo. La modelo no se ha limitado a felicitar a su nuera por el libro, ha aprovechado para despejar dudas de una vez por todas.
Sobre el esperado estreno literario, la que fuera musa de diseñadores fue un libro abierto: “Fantástico, le deseo mucha suerte. Me han dicho que va a presentarlo la semana que viene… mucha suerte, claro”. Unas palabras que, conociendo el historial de tensiones mediáticas entre las mujeres de la familia, suenan a todo un tratado de paz. Si alguien esperaba un dardo envenenado disfrazado de cortesía, se ha llevado un chasco. Mar ha elegido la vía diplomática y lo ha hecho, además, con una sonrisa.
“Al suelo que voy”: la faceta más camaleónica de la exmodelo
Pero si la parte literaria ha servido de calentamiento, lo verdaderamente jugoso ha llegado al mencionar la inminente llegada de su segundo nieto. Alejandra Rubio y Carlo Costanzia esperan a un nuevo miembro de la familia, y según las palabras de la propia Mar, la abuela está en modo “todoterreno” y sin miedo a las manchas en la ropa de diseño. “Es evidente que estoy contenta, muy contenta”, aseguró antes de soltar la perla que ha humanizado de golpe a una de las mujeres más fotografiadas de España: “Al suelo que voy, ay, que me tiro al suelo a jugar con ellos”.
Olvídense de una abuela de sofá y fotos impolutas. La imagen que dibuja es la de una mujer capaz de despeinarse —literalmente— por sus nietos. Es, sin duda, una estampa que contrasta con la frialdad que muchos le han atribuido durante décadas y que conecta, de forma inesperada, con un público que quizás no comulgaba con sus portadas pero sí entiende de amor incondicional y rodillas en la alfombra. Las “idas y venidas” con Carlo Costanzia quedan, al menos por ahora, en un segundo plano, eclipsadas por un presente ilusionante.
La estrategia de normalizar un culebrón
Conviene no perder la memoria. La relación entre Mar Flores y Carlo Costanzia no siempre ha sido un camino de rosas, y ella misma lo ha verbalizado con una sinceridad que pocas figuras públicas se permiten. Al ser preguntada por el estado actual del vínculo, la respuesta tuvo más capas que una cebolla. “Las madres siempre tenemos buena relación con los hijos. Los hijos a veces van y vienen, pero nos queremos mucho”, sentenció. No es una confesión al uso; es el reconocimiento explícito de que han existido esos baches, esos portazos, esas temporadas de no mirarse a la cara que tanto juego han dado al papel couché.
Utilizar el verbo “ir y venir” no es casual. Habla de un amor que nunca se rompe del todo, pero que se tensa, se afloja y se vuelve a tensar. Es la clase de honestidad que ha faltado otras veces en la prensa rosa, donde los protagonistas prefieren fingir una armonía perpetua. Mar ha optado por la verdad agridulce, y en ese gesto, ha ganado puntos. Estas declaraciones, sumadas a su apoyo incondicional a Alejandra Rubio, construyen un nuevo relato familiar: el de un clan que, tras varios asaltos en el ring mediático, parece haber firmado un armisticio. Justo a tiempo para recibir al nuevo bebé.
Casualidades, las justas. El deshielo llega cuando una nueva exclusiva está al caer, cuando la novela de la nuera va a necesitar titulares amables y cuando la paz vende más que la guerra. ¿Hay cálculo? Probablemente. Pero también hay una abuela que se tira al suelo a jugar, y eso ni se finge ni se compra.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. No hay portazo ni zasca, pero sí una carga de contexto familiar que eleva cada palabra.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Mar, que muestra su mejor cara. Gana Alejandra, que recibe un balón de oxígeno. Pierde el culebrón, que se queda sin gasolina esta semana.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Cuenta atrás para la presentación del libro. Si aparece Carlo y todo el clan posa junto, la foto vale más que mil portadas.







