Hay pérdidas que van mucho más allá de lo que cualquier palabra puede explicar. Y la que ha sufrido esta última semana Maite Galdeano es exactamente de ese tipo. La exconcursante de Gran Hermano, de 56 años, ha dicho adiós a Tila, su perrita y compañera de vida durante años, que falleció a causa de un cáncer metastásico que se había extendido por todo su riego sanguíneo. Un golpe brutal para la navarra, que llevaba semanas preparándose emocionalmente para ese momento sin conseguir hacerse del todo a la idea.
Maite lo ha compartido todo con sus seguidores a través de Instagram, desde los primeros síntomas del deterioro de Tila hasta el instante final. Una decisión que muchos han aplaudido por su valentía y que ha convertido su perfil en un espacio de duelo colectivo donde miles de personas se han volcado con mensajes de apoyo. Porque Tila no era solo una mascota para ella. Era su sostén en los momentos más oscuros, la presencia incondicional que la acompañó durante su distanciamiento y posterior ruptura total con su hija, Sofía Suescun. Perderla ahora, con todo lo que Maite ya carga encima, hace que el golpe sea doblemente duro.

Semanas de agonía anunciada
Hace apenas diez días, la colaboradora televisiva ya avisaba a quienes la siguen de que el final estaba cerca. Tila había empezado a perder sus capacidades cognitivas, se movía despacio, se escondía, dejaba de comer. «Tila está haciendo cosas raras, se esconde y ha pasado todo el día dormida», contaba Maite con la voz rota, sin intentar disimular lo que sentía. Cada publicación era más dura que la anterior, y sus seguidores seguían el proceso con una angustia que se contagiaba a través de la pantalla.
Fue en esos días cuando Maite Galdeano pronunció las palabras que más preocuparon a todo el mundo: «Me quiero ir con ella. El destrozamiento de alma que dejan es brutal. No sé si lo voy a superar». Una confesión tan cruda que generó una oleada de mensajes de personas que la pedían que se cuidara y que recordaban que, por mucho que duela, había vida más allá de esa pérdida.
El último adiós
Cuando llegó el momento, Maite estuvo ahí. Fiel a lo que siempre había defendido, no se apartó del lado de Tila ni un instante. Lo dijo semanas antes con una claridad que ahora cobra todo su sentido: «Ellos ponen la fecha de cuando los tenemos que llevar a la inyección del arcoíris. Nunca queremos, pero la hora siempre llega. Hay que estar hasta el último momento con ellos para despedirlos como se merecen».
Y así lo hizo. Las imágenes que compartió en sus redes mostraban a Maite abrazando a su perrita en sus últimos minutos, con el rostro desencajado y los ojos llenos de lágrimas. Las palabras que le dedicó en ese momento final son de las que se quedan grabadas: «No te preocupes mi amor, vas a ir al cielo de los perritos. No vas a tener dolores, cariño, ¿vale? Y espérame que el día que yo vaya quiero que salgas la primera. Te amo por siempre cariño».
Después, cuando todo había terminado, encontró fuerzas para escribir el mensaje más corto y más doloroso de todos: «Acaba de fallecer mi Tila». Y más tarde añadió: «Espérame en el cielo de los perros y gatos y solo animales. Te amamos, Tila».

Una lucha simultánea con su propia salud
Lo que hace aún más difícil el momento que vive Maite Galdeano es que lo está afrontando mientras combate su propio proceso de enfermedad. La pamplonesa lleva tiempo luchando contra un cáncer en la sangre para el que recientemente tuvo que someterse a una biopsia de médula porque, según ella misma desveló, la medicación había dejado de funcionar: «La medicación se ha hecho resistente». Perder a Tila en este contexto no es solo un golpe emocional. Es la pérdida de uno de los pilares que la mantenía en pie en una etapa de su vida especialmente dura.

