Pocas semanas dan tanto de sí en la crónica rosa española como esta. Y en el centro de todo, una vez más, está Irene Rosales. La colaboradora de El tiempo justo ha regresado a su puesto de trabajo con las pilas cargadas y mucho que decir. Primero, para responder a los últimos movimientos de su exmarido Kiko Rivera, que no dudó en publicar las cifras del convenio de separación que ambos firmaron en relación a sus hijas Ana y Carlota. Y después, para desvelar algo que los seguidores de la prensa del corazón llevaban mucho tiempo esperando: cómo fue la última conversación que mantuvo con Isabel Pantoja.
Lo de las cifras del convenio la sacó de sus casillas, aunque con mesura. Irene reconoció que se puso nerviosa al verlo, pero enseguida tomó cartas en el asunto de la única manera que considera adecuada. «Me puse muy nerviosa pero luego me calmé y al día siguiente levanté el teléfono para hablar con quien tenía que hablar, que es con mi abogada, para saber cómo se podía frenar este tipo de cosas», explicó con una contundencia que deja claro que no va a quedarse de brazos cruzados. Sobre entrar a debatir cifras públicamente, tiene muy claro que no lo hará: sus hijas merecen privacidad.
Una relación que empezó siendo muy buena
Para entender la ruptura con la tonadillera hay que remontarse al principio. Irene Rosales no esconde que su relación con Isabel Pantoja llegó a ser muy estrecha, llegando a considerarla «una segunda madre». Una complicidad que fue creciendo con los años y que se mantuvo sólida durante buena parte de su matrimonio con Kiko Rivera. Sin embargo, la tormenta llegó en 2020, el peor año de la vida de Irene: perdió a sus dos padres en un intervalo muy corto de tiempo, justo cuando el enfrentamiento entre Kiko y su madre empezó a hacerse público en el documental sobre la herencia.

La sevillana reconoció que, con la perspectiva que da el tiempo, cree que entonces no pudo gestionar el duelo como hubiera necesitado. «Estoy empezando a sanar ahora la pérdida de mis padres», admitió con la honestidad que la caracteriza. Y añadió algo que le duele especialmente: «Lo que sí me dolió es que por una discusión de adultos saliesen perjudicadas mis hijas en un momento complicado». Dos niñas pequeñas que perdieron a sus abuelos maternos y, casi a la vez, el contacto con su abuela paterna.
El último encuentro y la videollamada que lo cambió todo
Irene Rosales también ha puesto fecha y lugar al último contacto físico con la artista: el 17 de julio de 2023, cuando Isabel Pantoja acudió al hospital a visitar a su hijo. Desde entonces, se hizo el silencio. Pero antes de ese punto de no retorno hubo una videollamada que Irene ha desvelado ahora con todos sus detalles, y que explica mucho sobre el distanciamiento definitivo.

En esa conversación, la tonadillera intentó reencuadrar el conflicto que arrastraba con Kiko Rivera apuntando hacia las adicciones de su hijo como eje central del problema. Eso fue demasiado para Irene. «La última conversación que yo tuve con ella fue porque ella me quiso centrar el problema de lo que Kiko estaba diciendo en las adicciones», relató. Su reacción fue inmediata y directa: «Eso me dolió, porque Kiko estaba ahí perfectamente, le pedí que por favor no enfocase el problema que tenía ella con su hijo porque precisamente no tenía nada que ver».
Para Irene, el conflicto entre madre e hijo tenía raíces mucho más profundas: la «poca comunicación que hay entre ellos» y todo lo que rodeaba a las declaraciones sobre la herencia familiar. Mezclar en ese cóctel las adicciones de Kiko le pareció un golpe bajo que no estaba dispuesta a aceptar. Esa llamada fue la última.

