Manuel Carrasco se sincera con Évole sobre Operación Triunfo: «Nadie sale indemne de allí»

En la entrevista con Évole pudimos conocer al Manuel Carrasco más personal y cercano

Manuel Carrasco componiendo en el estudio que tiene en su casa - Fuente: @manuelcarrasco
Manuel Carrasco componiendo en el estudio que tiene en su casa - Fuente: @manuelcarrasco

Hay artistas que necesitan grandes puestas en escena para brillar, y luego está Manuel Carrasco. El onubense ha vuelto a demostrar por qué es el «poeta del pueblo» en una de las entrevistas más íntimas que le han hecho en televisión. El cantante no solo ha repasado su trayectoria profesional, sino que ha abierto las puertas de su memoria más dolorosa, aquella infancia en Huelva marcada por la necesidad, el rugido del mar y el temor constante a la pérdida.

Una infancia entre rodeada de salitre

Sentado frente a Jordi Évole en un escenario tan cosmopolita como Londres, el contraste no podía ser mayor. Manuel Carrasco echó la vista atrás para trasladarnos a las calles de Isla Cristina, un rincón donde la belleza del océano escondía una cara amarga. El artista creció en un barrio de pescadores donde el mar no solo daba de comer, sino que también arrebataba vidas.

Con una sensibilidad que traspasaba la pantalla, Carrasco recordó cómo de niño el viento de la costa traía sonidos que se le quedaron grabados a fuego, los lamentos de las viudas. Eran gritos que cortaban la noche tras los naufragios, una rutina trágica en su pueblo. Ese miedo se personalizaba en su propio hogar; el pequeño Manuel vivía con el corazón en un puño cada vez que su padre salía a faenar, temiendo que él fuera el siguiente en no regresar.

En una casa humilde donde siete personas compartían una sola habitación, el lujo era una palabra desconocida. Su madre, una mujer todoterreno, se dejaba la piel recolectando fresas y limpiando casas para que a sus hijos no les faltara un plato de comida, mientras la familia sobrevivía gracias al ingenio y a la unión fraternal.

De la brocha de pintor al «quejío» de los bares

Antes de llenar estadios de 74.000 personas, las manos de Manuel Carrasco conocieron el tacto de la cal y el cemento. Fue el único de sus hermanos en terminar la EGB, pero la realidad económica lo empujó pronto al mundo laboral. Trabajó pintando paredes junto a su hermano y sirviendo mesas, aceptando cualquier labor que ayudara a la economía familiar.

Su contacto con el arte fue callejero y visceral. Su padre, lo llevaba de bar en bar para que cantara fandangos a cambio de unas monedas. Fue allí, entre el humo de los locales y el compás de las palmas, donde Manuel aprendió a proyectar su voz. El Carnaval de Isla Cristina hizo el resto, las comparsas y las peñas se convirtieron en su conservatorio particular, el lugar donde empezó a escribir letras cargadas de verdad, sin sospechar siquiera que algún día esas rimas sonarían en las radios de todo el país.

El estigma de Operación Triunfo

La charla con Évole también abordó uno de los temas más espinosos de su carrera, su paso por Operación Triunfo 2 en 2002. Aunque quedó segundo, el camino posterior fue un auténtico calvario. El cantante confesó que «nadie sale indemne de allí» y que, con la perspectiva que da el tiempo, hoy no repetiría la experiencia.

Tras el boom inicial, Manuel se enfrentó al rechazo de una industria que lo miraba con lupa por su origen televisivo y, sobre todo, por su marcado acento andaluz. Tuvo que curtirse en garitos humildes y aguantar muchos «noes» hasta que, en 2015, el álbum ‘Bailar el viento’ lo cambió todo. Ese disco fue el punto de inflexión que lo convirtió en el fenómeno de masas que es hoy, logrando hitos históricos para un solista español que antes parecían inalcanzables.

Una noche loca en Londres

Pero no todo fue drama en la entrevista. La complicidad entre el periodista y el músico se fraguó en una maratón de 14 horas de fiesta por la capital británica antes de encender las cámaras. Entre pubs tradicionales, raciones de fish and chips y sesiones de micro abierto, ambos compartieron risas y confidencias.

Évole, que admitió con honestidad que nunca había prestado atención a la música de Carrasco hasta que lo vio en directo en un festival, terminó intentando cantar, mientras el onubense lo corregía entre bromas. La noche dejó anécdotas memorables, desde chistes sobre colonias hasta el uso de un código secreto bautizado como ‘Mike Tyson’ para saber cuándo la fiesta debía terminar.

El legado y su familia

Hoy, Manuel Carrasco es un hombre que valora el equilibrio. Casado con Almudena Navalón y padre de dos hijos, el artista tiene claro cuáles son sus cimientos. Sus padres, que antes sufrían por llegar a fin de mes, ahora se emocionan en sus conciertos, aunque su madre sigue viviendo cada actuación con los nervios de quien teme que el sueño se rompa.

En un momento de la entrevista, Carrasco se puso serio al hablar de los valores que intenta transmitir a su descendencia. Ante el avance de los extremismos de ultraderecha en la sociedad actual, el cantante dijo que sería tajante con sus hijos«Eso no entra aquí», refiriéndose a su hogar como un refugio de respeto y tolerancia. La entrevista concluyó con una actuación musical que dejó a Jordi Évole visiblemente conmovido, confirmando que, más allá de los números y las ventas, lo que hace grande a Manuel Carrasco es su capacidad para seguir siendo aquel niño de Isla Cristina que pintaba paredes y soñaba con que el mar no se llevara a los suyos.