Treinta años después de la muerte de Tupac Shakur en Las Vegas, un jurado ha declarado culpable a Duane ‘Keffe D’ Davis. La decisión cierra el caso más célebre de la industria musical. El veredicto, adelantado por E! Online, culmina una investigación que parecía condenada al archivo definitivo.
El veredicto que cierra tres décadas de silencio
Davis fue acusado en 2023 de asesinato con uso de arma mortal y con la intención de promover, favorecer o asistir a una banda criminal. El tribunal todavía no ha fijado la sentencia. El proceso arrancó el pasado 10 de agosto con una declaración de inocencia que ya no tiene efecto.
En 1996, Tupac circulaba por Las Vegas con el productor Marion ‘Suge’ Knight cuando otro coche abrió fuego en un semáforo. El rapero, de 25 años, murió días después por cuatro heridas de bala; Knight resultó herido leve y en 2018 fue condenado a 28 años por un homicidio involuntario ajeno a este caso.
La acusación se apoyó en un improbable documento: las memorias que el propio Davis publicó en 2019. En Compton Street Legend, el acusado escribió que había conseguido un arma con la intención de perseguir a Shakur y admitió estar en el asiento del copiloto durante el tiroteo. El libro acabó convertido en la prueba central del proceso.
Según la policía de Las Vegas, Davis entró en un Cadillac blanco junto a Terrence Brown, DeAndre Smith y Orlando Anderson. Una vez en el vehículo, entregó el arma a los pasajeros traseros. El detalle del arma resultó decisivo para el jurado.
Davis se declaró no culpable al inicio del juicio. Su defensa sostuvo que había tergiversado los hechos para vender libros y acusó a su coautor, Yusef Jah, de añadir detalles falsos. Jah reconoció haber improvisado pasajes.
Treinta años de silencio no han bastado para borrar lo que Davis dejó escrito por su propia mano.
La cinta de 2009 y la sombra de Sean ‘Diddy’ Combs
La tensión en la sala fue evidente desde los primeros días. Davis llegó a dirigirse al juez para denunciar presiones: ‘Esto está mal, y es sobre todo por este tipo’, dijo el 21 de agosto según ABC News, recogido por E! Online.
La cinta de 2009 reavivó la sombra de Diddy. Las transcripciones judiciales recogieron una grabación en la que Davis afirmaba que su sobrino fallecido, Orlando Anderson, ‘se puso a disparar’ contra Tupac. En esa misma cinta admitió que esperaba un pago de Sean ‘Diddy’ Combs por el asesinato. Combs ha negado reiteradamente cualquier implicación y no ha sido acusado.
De la guerra de las costas al veredicto: por qué el caso ha tardado treinta años
El veredicto tiene una lectura que va más allá de lo estrictamente penal. El asesinato de Tupac quedó atrapado durante décadas en la rivalidad entre las costas Este y Oeste del hip-hop. La muerte de Notorious B.I.G. en 1997, apenas seis meses después, tampoco se resolvió con una condena firme.
Conviene recordar que Orlando Anderson, señalado por la policía como autor material, murió en 1998. La mayoría de los otros sospechosos citados en la investigación ya había muerto antes del juicio. Solo Davis quedó vivo para responder ante un tribunal.
Davis apostó por la impunidad que otorga el paso del tiempo, pero subestimó el peso de sus propias palabras. La defensa intentó desmontar el libro porque combinaba recuerdos y ficción, y porque un coautor reconoció que había improvisado. El jurado, sin embargo, ha preferido la versión sostenida por la fiscalía y por la grabación de 2009.
La sentencia está por llegar y puede mantener a Davis en prisión de por vida. Este veredicto no devuelve a Tupac, pero sí cierra una herida que la industria musical arrastraba desde 1996. Quizá obligue a revisar otras muertes que el silencio dejó abiertas.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: El veredicto reivindica la memoria de Tupac, aunque también expone las costuras de una industria que calló durante décadas.
- 💎 El detalle de lujo: El Cadillac blanco, las cuatro heridas de bala y las memorias que Davis escribió para vender se convirtieron en pruebas de cargo.
- 🗣️ El entorno cuenta: Fuentes próximas al legado del rapero lamentan que se haya tardado treinta años; la sentencia sigue pendiente.







