El pasado miércoles Fausto, nuevo novio de Chabelita, dio que hablar en Sálvame. Según Gemma López, el joven podría ser calificado como “un delincuente común, cada año se abren diligencias contra él por delitos diferentes. En su caso por estafa, apropiación indebida, robo con fuerza, falsificación documental y amenazas a los padres de las menores con las que ha compartido su vida”. Anabel Pantoja dejó claro que su tía Isabel “sabía algo y no quiero hablar más porque es una conversación privada”. Kike Calleja le lanzó un capote al joven, “que vende coches”, pero Mila Ximénez se sorprendió: “Hombre, para vender coches tiene cinco denuncias por robarlos”.

También está en el ojo del huracán Carmen Borrego, de la que este miércoles Lecturas cuenta que está distanciada de sus hijos y que perdió su custodia en 1996, para después recuperarla poco después. También señala la revista que en 2001, cuando la nueva colaboradora de El Debate de Supervivientes, sufrió un principio de ictus que le produjo una parálisis facial por lo cual fue ingresada en un hospital, en el cual se le detectó cáncer de útero. El segundo revés también se solventó tras ser intervenida de urgencia en la fase inicial de la enfermedad. Mila Ximénez, que colabora en la revista, señaló que no tiene nada que ver con la información.

De lo que no se habló ayer en Sálvame fue del dardo de Jorge Javier Vázquez al penúltimo invitado de su compañero Bertín Osborne, José María Aznar. En su blog señaló que “no quería dejarme llevar por la escasa simpatía que me produce el personaje pero me sucedió algo inaudito: que en vez de cabrearme me aburrió muchísimo. Y pensé, no sin cierta nostalgia, que me hubiera gustado que durante mis años mozos el presidente del gobierno de mi país hubiera sido alguien más atrevido, más canalla, más transgresor. Menos plúmbeo. No tan pagado de sí mismo. Pero no. Viví mi juventud a la sombra de un triste. Luego se ve que dijo que estaba muy orgulloso de la foto en las Azores con Bush y Blair pero ahí ya no llegué porque el ex presidente me había enviado mucho antes a la cama con su verbo seco y desvaído. No me gustó Aznar”.

 

Y añade: “Dice sentirse español pero no creo que se identifique mucho con nosotros porque se cree superior al resto de la población. Tampoco me gustó Ana Botella, que después de cada intervención sonreía de una manera tan forzada como pretendidamente simpática. Aznar representa un pasado arcaico y superado pero su problema es que piensa que continúa vigente. A España le cuesta ser moderna pero no por sus ciudadanos sino por la gente que nos gobierna. Aunque algo tendremos que ver nosotros por poner a presidir nuestro país a los que ponemos, las cosas como sean. Deseamos avanzar pero nos pesa demasiado una tradición moral muy antigua y unas costumbres obsoletas”.