Todo empezó con don Juan Carlos y su afición por los deportes de vela. A parte de las competiciones, el emérito se pasaba las horas muertas en alta mar para disfrutar junto a su familia de los paseos en el Fortuna, el yate oficial de Casa Real. Ahora, ya no queda nada de esos buenos tiempos y la embarcación solo les está provocando varios quebraderos de cabeza. Es como si sobre el navío pesara una extraña maldición de la que no pueden deshacerse. ¿Quieres saber más sobre esta rocambolesca historia? Sigue leyendo, te lo contamos todo a continuación.

La maldición del Fortuna

> A priori, que una embarcación haya sido propiedad de una casa real durante tantos años puede parecer un buen reclamo de venta. Sin embargo, no ha sido el caso del Fortuna. Cuando la Corona decidió prescindir del yate, no tardó mucho en recibir las primeras ofertas. Finalmente, la empresa Baleària decidió adquirir el navío por algo más de dos millones de euros. Al parecer, su intención era desguazarlo y quedarse solo con algunas piezas. Por desgracia para la compañía, el proceso de sustraer las partes en las que estaba interesada era demasiado caro, por lo que decidieron abandonar su objetivo y volver a poner a la venta el barco de la discordia.

De momento no les ha salido nada bien. En 2014 volvió a estar disponible en el mercado, rebautizado con el nombre de Foners. Su precio inicial era de cinco millones de euros, pero tuvieron que rebajarlo en más de un millón porque no aparecía ningún interesado. A día de hoy sigue sin aparecer. ¿Por qué nadie quiere comprar el yate que otrora permaneció a la familia real? El reparo de los posibles compradores puede venir de los problemas que la embarcación presentó durante una buena temporada. Aunque no hubo que lamentar heridos, en el Fortuna se llegaron a vivir momentos de tensión por culpa de unos cuantos fallos mecánicos. Sigue leyendo para descubrir los viajes accidentados del navío.

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