Durante muchos años ha gozado de una enorme popularidad. Sin embargo, el cariño que el público siente por Kiko Matamoros está cayendo en picado. El colaborador de Sálvame se ha sumergido por voluntad propia en una espiral de problemas y mentiras que le han hecho perder toda la credibilidad. Está en horas bajas y el duro mazazo que acaba de recibir le coloca en el abismo más profundo.

El enemigo en casa

> Otro de los aspectos que ha hecho que la opinión pública se eche sobre Kiko es la relación de este con sus hijos. O mejor dicho, la no relación. La audiencia no termina de entender que Matamoros se enfrente a sus vástagos y hable mal de ello de manera pública. Y mucho menos cuando fue un padre ausente durante la infancia de Lucía, Diego, Laura e Irene.

Tampoco encuentran explicación al hecho de que, con ellos, pase del amor al odio en cuestión de segundos. Tan pronto entona el mea culpa como que arremete contra los que son sangre de su sangre. “Mi hijo Diego no me llega a la suela de los zapatos. Más bien parece el hermano tonto de Belén Esteban“, llegaba a decir en un plató de televisión. Así, la gente le acusa de lucrarse con una guerra antinatura. El que juega con fuego, se quema, y Kiko lleva mucho tiempo ya con la hoguera encendida.