Quince años como Princesa de Asturias, tres como reina y a punto está de coronarse como “la reina austera”, poco le falta a Doña Letizia de Borbón para arrebatarle ya tan regio título a la reina Isabel I de Castilla que pese a ser una de las reinas más poderosas de su tiempo, siempre se destacó por llevar una vida austera sencilla y sobria. Lo único que la diferencia de su antecesora es la templanza en sus modales y las profundas creencias religiosas de las que gozaba la reina Isabel de Castilla.

Ya sabemos que la reina Letizia es poco amiga de lucir las joyas de la corona. En su joyero personal abundan joyas de alta bisutería. Pocas veces la vemos lucir las diademas y las joyas “de pasar” cedidas por doña Sofía, de hecho cuando comenzó su andadura como princesa de Asturias lo hizo con un cofre casi vacío y sintiendo un especial gusto por las joyas sencillas, gusto que con el paso de los años ha sabido conjugar, cuando la ocasión así lo requería, las joyas de la Corona con las suyas propias, mucho más sencillas y modernas, consiguiendo un marco elegante y nada saturado ni ostentoso.

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Cierto es que actualmente no hay cenas de galas donde poder lucir grandes tiaras, de ahí que se haya decantado como complemento para su día día por los sencillos pendientes de oro blanco y diamantes, regalo de sus suegros los Reyes eméritos Juan Carlos I y la reina doña Sofía quienes se los regalaron con motivo del enlace con el entonces Príncipe de Asturias, que alterna con joyas de bisutería más acordes a su edad que de su rango.

Esto en cuanto joyas, porque el presupuesto asignado para el vestuario de la ex periodista durante su primer año de reinado, ascendía a unos 130.000 €, mientras que tres años después y tras reciclar varias prendas, calzado y complementos de su armario, el gasto empleado para vestirse fue sensiblemente menor, sobre todo porque la reina no tiene inconveniente en utilizar prendas low-cost combinándolas con otras más caras.