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Televisión

Kiko Hernández, el sustituto natural de Jorge Javier Vázquez

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Lo ha demostrado con creces. Kiko Hernández está en su mejor momento. Maduro, pausado, resiliente, el que fuera concursante de Gran Hermano ha dado un salto cualitativo en sus comparecencias televisivas. Conoce la naturaleza de la televisión como nadie, se mueve con soltura entre arenas movedizas e, incluso, ha dado lecciones de cómo desenvolverse en situaciones complejas, inesperadas. Sortea los contratiempos sin recurrir al nerviosismo o la duda. Resuelve y sigue.

Kiko Hernández

Kiko Hernández en una imagen de archivo durante su participación en los debates de GHVIP

Y, para muestra, el talante con el que abordó la segunda llamada de Isabel Pantoja a Sálvame. Kiko ejerció de periodista, llevó el rumbo de la conversación -con mayor maestría que la presentadora- y ejerció de perfecto moderador con el resto de sus compañeros. Supo lanzar, recoger, llevar y traer como solo hacen los grandes. De hecho, no le tembló la voz a la hora de formular las preguntas más complicadas al personaje más buscado del momento. E Isabel sabía que estaba frente a un igual. Fue consciente que en ese barco el capitán era él. Le siguió el juego, respondió con soltura y respeto e incluso despertó las risas aconsejando a su sobrina a que fuera más inteligente y no se dejara arrollar por sus conocimientos televisivos, tal vez la verdadera fórmula magistral del programa.

El presentador que mejor sustituye a Jorge Javier Vázquez

Kiko Hernández

Kiko Hernández durante una intervención como presentador en Sálvame, Telecinco

Nada queda ya de ese colaborador polémico y lenguaraz (incluso maleducado y soez) que buscaba la confrontación en las Crónicas Marcianas de Javier Sardà. Aquel pasado, algo más turbio y oscuro, le ha servido para comprobar que no todo vale. Ahora es creíble. No solo como contertuliano, sino también como presentador. Y, cuando Jorge Javier no está, es el sustituto perfecto. No acorrala con estridencias, emplea poco el yoísmo e intenta ser generoso con el resto de colaboradores. Le respetan y se hace respetar. Tal vez la tranquilidad que respira en su vida personal -donde disfruta de sus hijas- le ha hecho poder tener más control y tocar el cielo profesional. Un claro ejemplo de que las segundas oportunidades son (casi) siempre necesarias. ¡Sigue así, no nos defraudes!

 

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