La búsqueda de Blanca Fernández Ochoa sigue acaparando gran parte de la actualidad informativa. Se han intensificado los dispositivos que cercan, en este momento, cualquier pista en la Sierra de Madrid. Sin embargo, los investigadores no descartan que la ex esquiadora pueda encontrarse en otro punto, situado en Segovia, tal y como ha confirmado Cotilleo.es

La familia de la deportista se encuentra moralmente destrozada. Aunque no pierden la esperanza de encontrarla viva, son conscientes de que el tiempo corre en su contra. Cotilleo.es ha podido confirmar que en las últimas horas Olivia, la hija de Blanca, ha tenido que abandonar la búsqueda activa y concentrarse con la Selección Española de Rugby con la que debutará en los próximos juegos olímpicos de Tokio: “está muy preocupada pero no olvida que su madre le insistía en que nunca, pasara lo que pasara, debía descuidar su pasión por el deporte y es lo que hace. Eso sí, le han permitido permanecer en contacto total y continuo con la familia para saber cada paso que se da sobre la búsqueda de su madre”, desvela a Cotilleo.es una fuente autorizada.

Aunque las hipótesis siguen abiertas y son muchas las líneas de investigación que los especialistas tienen sobre la mesa, los más cercanos no descartan que Blanca tomara la decisión de desaparecer voluntariamente. En los últimos tiempos había mostrado su apatía y desilusión con gestos que evidenciaban que su estado emocional era alarmante. De hecho, varias de sus amistades le habían recomendado  que visitara un psicólogo para encajar los golpes, algunos desmedidos, que la ex esquiadora había recibido durante el último año. Su gran cambio físico le atormentaba. No se reconocía. Tanto es así que durante los últimos meses rechazó participar en programas de televisión y en reportajes de prensa para no mostrar su nueva apariencia. Quería estar en ese segundo plano que, para algunos, también fue su cárcel.

Sus problemas económicos también se habían convertido en una auténtica tortura. Blanca se había visto obligada a deshacerse de su casa de Las Rozas después de que la misma sirviera como aval del ruinoso club deportivo que abrió su ex marido -padre de sus hijos- y en el que ella había depositado todas sus energías. No solo el vaivén empresarial del que, me cuentan, podría haber sido una víctima silenciosa, le provocó un gran desajuste en su ya de por sí inestable personalidad, sino también el desengaño sentimental del que jamás se recuperó.