Doña Letizia y don Felipe vivieron un gravísimo desencuentro allá por 2003. En agosto de aquel año quedó claro que la pareja hacía aguas. Mientras que el rey estaba por la reconciliación, la reina no. Había tomado una decisión y estaba dispuesta a cumplirla. Se produjo un choque de trenes y eso hizo que hasta los más discretos que frecuentan a la pareja hablaran. No se podía disimular por más tiempo la realidad. ¿Qué llevó a Letizia a desechar la idea del divorcio? Te lo contamos todo a continuación.

Ay, majestad, ese carácter

> Uno de los grandes problemas de doña Letizia es que no se ha hecho a la monarquía. Una parte de ella cree que todavía puede seguir haciendo aquellas actividades de ocio de las que disfrutaba cuando era periodista. Llegó un punto en que la reina daba más importancia a la parte privada que a la institucional. Curiosamente, fue un diario de corte monárquico, el ABC, quien se atrevió a coger el toro por los cuernos. Un artículo firmado por Almudena Martínez-Fornés que levantó un tsunami en Zarzuela.

La periodista puso el ojo en unos movimientos de la pareja que hacían pensar: “Recién llegado de Paraguay, el Príncipe de Asturias ha reanudado este fin de semana sus vacaciones tras un paréntesis de cuatro días y en medio de fuertes rumores de crisis matrimonial. Estos rumores empezaron antes del verano, alimentados por unas cuantas salidas privadas de doña Letizia en solitario con sus amigos y alguna que otra del Príncipe, como cuando acudió solo al cumpleaños de su primo, Beltrán Gómez-Acebo”. Sin embargo, lo peor estaba por llegar.

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