Ha pasado más de una década desde aquel “cese temporal de la convivencia” entre doña Elena de Borbón y Jaime de Marichalar. El divorcio entre la infanta y su marido supuso uno de los primeros escándalos de nuestra monarquía, y los motivos que llevaron al matrimonio a tomar esta decisión se guardaron bajo llave. Ahora, conocemos unos cuantos detalles acerca de la separación, y de seguro que no dejarán indiferente a nadie. Sigue leyendo para conocerlos.

Un divorcio escandaloso

> Todo parecía ir viento en popa entre los duques de Lugo. Poco tiempo después de darse el ‘sí, quiero’ en la Catedral de Sevilla, doña Elena de Borbón y Jaime de Marichalar concibieron a su primogénito, el cuarto en la línea de sucesión al trono español: Felipe Juan Froilán. La infanta y su marido vivían su particular cuento de hadas, al menos de cara a la opinión pública, y la entrada del nuevo milenio les sorprendió con otra bendición: su hija Victoria Federica. Sin embargo, entre tanta felicidad, se produjo un movimiento que hizo saltar todas las alarmas: la familia se mudó a Nueva York y los medios de comunicación empezaron a especular sobre una crisis entre la hermana del rey Felipe VI y el aristócrata.

No se equivocaban. En 2007, Casa Real confirmó que se había producido un “cese temporal de la convivencia” entre la infanta y de Marichalar, un eufemismo que pretendía evitar que la palabra “divorcio” ocupara todos los titulares. Aun así, esta separación significó un gran escándalo para nuestra monarquía, muy ligada a la tradición católica, y con el paso del tiempo hemos sabido que la ruptura entre don Jaime y doña Elena no tenía nada de temporal. De hecho, apenas han vuelto a coincidir desde entonces. Pero, ¿qué los motivó a la hora de dar este polémico paso? Sigue leyendo, te lo contamos todo a continuación.

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