Para que una receta quede de lo más apetecible lo ideal es encontrar el equilibrio perfecto entre los sabores y las cantidades. Uno de los problemas más comunes es cuando la comida queda salada, y en la mayoría de las ocasiones se considera que esto no tiene remedio, que el daño ya está hecho y habrá que ingerir un plato un poco menos apetecible. Pero, ¡esto no es así! Existen algunos trucos para arreglar este pequeño desastre y hoy los vamos a compartir contigo.

Doblar las cantidades

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Cuando estás haciendo un puchero o un guiso puede ocurrir que te excedas un poco con las dosis de sal del plato. En estos casos es cuando puedes detectar el error de una forma prematura ya que son tipos de recetas que se suelen ir probando para ver qué tan están quedando durante el proceso.

En este caso, puedes doblar la cantidad de ingredientes sin tocar el punto de sal para que este potenciador se reparta entre más alimentos y quede en su punto. Solo es posible si lo has detectado rápido, ya que de lo contrario podrían quedar unos alimentos mucho más cocinados que los otros.