Adiós y hasta nunca, Jennifer. Cuando llegó al programa vi que era una chica atractiva, con recursos y con cierto sentido del espectáculo televisivo. Llegó dispuesta a todo, siendo pretendienta de Ángel pero con su objetivo puesto en el trono: lo consiguió en los meses de verano.

Desde su nueva posición consiguió enamorarse de Hugo, con el que se saltó las normas del programa. Qué ironía: ella omitiendo las reglas y él queriéndose emparejar con nuestra tronista Sofía. Su relación fue, como era de esperar, un auténtico fracaso. Y volvió a casa para explicar lo triste que se encontraba y para intentar volver a  la pequeña pantalla, su gran ilusión.

Lo volvió a lograr. Pretendió a Labrador, un tipo con un carisma arrollador y un tronista auténtico, no de plexiglás, que nos conquistó a todos. Menos a Jennifer. Ella explicó que no quería seguir conociéndole porque, en el exterior, había aparecido un chico que le despertaba mayor interés. No fue el único chivatazo que llegó hasta el programa, pues también nos dijeron que se veía con algún que otro deportista. 

Pero su fortuna llegó varias semanas después cuando se dio cuenta de que tampoco el nuevo hombre que había aparecido en su vida iba a ser el definitivo. Volvió a Mujeres y Hombres y viceversa aparentemente renovada. Parecía tener ganas de encontrar el amor, aunque yo percibí que sus intenciones eran otras. Quizás porque, curtido en mil batallas, entendí que no besar a sus pretendientes era realmente significativa. Buscó marear la perdiz y entabló un fuerte enfrentamiento con su compañaera Ana, diva donde las haya, para asegurarse mayor continuidad en el programa. Se equivocó.

Un miembro de Mujeres, Hombres y Viceversa descubrió el pastelón: había vuelto a infringir las normas. Lo reconoció entre sollozos, dejando a todos desilusionados. Incluso a esos pretendientes que buscaban en ella una relación seria y verdadera. Lo que sucedió más tarde ya es historia. 

No cabe duda de que habría que entregar a Jenni un Goya a la mejor actriz revelación. Nos ha engañado durante meses. Ha sido una tronista falsa, embustera, calculadora y fría, jugando con los sentimientos de sus pretendientes y con la confianza de espectadores y componentes del equipo de Mujeres hombres y viceversa. Adiós y buena suerte.