Hoy, 24 de junio, se celebra la festividad de San Juan. Se trata de una fecha marcada con un asterisco en el calendario para todos los juanes y, especialmente, para el Rey Juan Carlos, al que siempre le ha gustado especialmente disfrutar de su día rodeado de los suyos.

Sin embargo, este año todo está siendo muy diferente. El rey emérito se encuentra en sus horas más bajas. Delicado de salud, don Juan Carlos permanece completamente solo en el Palacio de la Zarzuela, cuestionado por todos los españoles y a la espera de saber si será juzgado por la Fiscalía del Tribunal Supremo por las comisiones que supuestamente cobró por mediar en la construcción del AVE a La Meca.

La semana pasada, el padre del Rey Felipe VI acudía a su hospital de referencia para someterse a una revisión médica rutinaria. Visiblemente más delgado y con evidentes problemas de movilidad, don Juan Carlos reaparecía así después de tres meses cofinado en Zarzuela. Mientras que otros veranos, a estas alturas, el emérito ya tenía claro si pasaría la temporada estival en Palma de Mallorca o en Sanxenxo navegando con su gran amigo Pedro Campos, este año su futuro inmediato es toda una incógnita.

Cuestionado por todos – y al parecer sin ni siquiera el apoyo de su familia a excepción de la Infanta Elena – don Juan Carlos se encuentra recluido en Palacio meditando acerca de los próximos pasos que dará. Mucho se ha hablado de un posible exilio voluntario a República Dominicana tras los múltiples escándalos del monarca que han salido a la luz, pero parece que nada más lejos de la realidad.

En los últimos días hemos conocido que su íntimo amigo, Josep Cusí, pagó la mitad de la extensa y lujosísima luna de miel de los Reyes, don Felipe y doña Letizia. Un nuevo frente añadido a los no pocos que va acumulando don Juan Carlos. Así que el rey emérito poco tiene que celebrar, por no decir nada. Hoy será un San Juan diferente, y suponemos que bastante triste, para el marido de la Reina Sofía.