Tania Llasera carga contra la televisión por su embarazo: «Te vuelves invisible»

La presentadora asegura que las cadenas dejaron de llamarla tras su segundo embarazo, con bajas maternales de doce días y trabajo hasta el octavo mes. Doce años de terapia después, el relato llega desde el podcast de Vicky Martín Berrocal.

Tania Llasera ha puesto nombre al silencio: la televisión dejó de llamarla al quedarse embarazada, cumplir años y engordar.

El teléfono que dejó de sonar y las tres razones que da

La presentadora bilbaína lleva más de dos décadas en el sector. Pasó por la BBC y Channel 4 antes de volver a España en 2005, se dio a conocer en FlyMusic y saltó al gran público como reportera de El Intermedio, una temporada que ella misma calificó como un antes y un después. Después llegaron Mediaset, los contratos de grupo y una etapa que define como todo menos libre.

El relato lo ha puesto ahora negro sobre blanco en el podcast A solas con…, que conduce Vicky Martín Berrocal. Su última aparición en televisión fue en 2017, como copresentadora de La Voz en la cadena de Mediaset, apenas tres meses después de dar a luz a su segunda hija, Lucía.

Antes de eso hubo dos embarazos, delante de las cámaras y dos bajas maternales de doce días cada una, con trabajo hasta el octavo mes incluido. ‘Yo engordé en el ojo público. Engordé bastantes kilos, me quedé embarazada, tuve a mi primer hijo y luego a mi segunda hija, todo en el ojo público, trabajando en La Voz‘, relata.

El diagnóstico que ella misma hace es triple y ninguno tiene que ver con su talento: ‘Estás envejeciendo, ya no eres esa chica joven de horario golfo con faldas imposibles; te haces madre y dejas de ser vista como algo sexy, te quitan hasta la humanidad; y luego el peso, te vuelves invisible porque estás más gorda’. El cierre duele: ‘Cuando considero que más interesante me he puesto es cuando menos intereso. Es injustísimo’.

La televisión no la despidió: simplemente dejó de llamarla, que en este negocio viene a ser lo mismo pero sin papeleo.

Y lo peor, dice, es que no hay un momento exacto al que agarrarse. ‘En el momento no te das cuenta porque es paulatino, pero miras hacia atrás y ves lo que pasó’. De ese mirar atrás salieron doce años de psicóloga y un traslado de cabeza a las redes, territorio que hoy maneja con más de un millón de seguidores.

El contrato de grupo que la obligaba a pedir permiso hasta para respirar

El otro frente que abre es el de la libertad de quien firma con un grupo audiovisual. ‘Cuando estaba en televisión tenías un guion, publicidad, una estructura… Y no podías meterte en nada’. Lo dice con conocimiento de causa: ‘En el momento en que firmas ese contrato tienes que pedir permiso para todo, no era libre’.

Su reconversión digital le dio lo que el plató le negaba: opinar. Aunque ahí también hay peaje. ‘Creo que cuando te sigue un millón de personas tienes una responsabilidad de mojarte en los temas, sean polémicos o no’, explica, antes de añadir que si lo haces y no piensas como el resto, te castigan.

El remate es una pulla al sector sin anestesia: ‘¿Por qué se premia a influencers o presentadores blanquitos que no se meten en nada y les salen todas las campañas? Si me pides responsabilidad, déjame opinar y respeta que piense diferente’.

No es un caso aislado: el patrón que la tele repite sin despeinarse

Lo de Llasera no es una anécdota personal, es una mecánica. La televisión generalista ha construido buena parte de su parrilla sobre caras jóvenes y ha ido apartando a esas mismas caras en cuanto han cumplido dos décadas de oficio o han pasado por una baja maternal. No hace falta buscar muchos nombres: basta con repasar quién presenta los access de las grandes cadenas y quién desapareció del mapa tras su primer hijo.

Hay un detalle que sí ha cambiado en estos diez años: las redes. Donde antes había una puerta cerrada hoy hay un escaparate propio, y eso le ha permitido facturar sin depender de una exclusividad. El físico como criterio de programación sigue ahí, pero ahora se audita en público y con capturas de pantalla.

La lectura que deja la entrevista es incómoda para el gremio. Si una presentadora con veinte años de oficio, idiomas y un millón de seguidores se quedó sin llamadas, ¿qué le queda a quien empieza? De todas esas cadenas que hoy presumen de parrillas paritarias, ninguna ha descolgado el teléfono en una década; la mayoría prefiere mirar para otro lado y esperar a que el tema se enfríe, como tantas veces.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 6/10. Sin gritos ni carpetas, pero es de esas entrevistas que duelen más de lo que parece.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Llasera con un relato que la reposiciona; pierde la tele que sigue midiendo por talla y fecha de nacimiento.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: En siete días habrá otro podcast llamándola y alguna cadena pequeña tanteándola. La grande, de momento, muda.