Roca Rey, infancia y psicólogo: el drama que confiesa y marcó su carrera

El diestro peruano relata en el podcast de Vicky Martín Berrocal el infarto que casi se lleva a su padre y el miedo que le acompañó desde los nueve años. Hoy es una de las figuras del toreo más mediáticas.

Andrés Roca Rey lloraba los lunes con nueve años y suplicaba no ir al colegio por miedo a perder a su padre. Lo ha contado él mismo en el podcast A solas con, que conduce Vicky Martín Berrocal, y el relato no es de los que se escuchan todos los días en boca de una figura del toreo.

El psicólogo al que le llevaron sus padres con nueve años

No fue una decisión improvisada. El colegio del pequeño Andrés tenía psicólogo propio al que los alumnos acudían de vez en cuando para desahogarse y hablar, pero Fernando Roca Rey y María Mercedes Valdez, sus padres, detectaron pronto que aquel niño necesitaba algo más. Empezó a ir a un psicólogo fuera del colegio con solo nueve años, y así lo resume él: ‘Empecé a ir fuera del colegio a un psicólogo cuando mi mamá y mi papá se dieron cuenta de que lo necesitaba’.

El detonante tenía nombre propio. ‘Mi papá tuvo un infarto y estuvo gravísimo. Corrí el riesgo de perderle. Nadie sabe cómo, sobrevivió. Fueron momentos muy, muy desagradables, la verdad, no me gusta acordarme de ellos. Sufrimos muchísimo’, relató el diestro peruano. Un infarto que estuvo a punto de cambiarlo todo y que dejó poso en un crío de nueve años.

De aquel susto nació un miedo que se instaló en la rutina escolar. ‘Yo lloraba todos los lunes. No quería ir al colegio. Lo pasaba fatal, sentía que se acababa el mundo. O sea, que me iba al colegio y ya no iba a poder volver a ver a mis papás o estar con mi familia’, confesó. El miedo a perder a su padre se instaló en el colegio y tardó lo suyo en irse.

La explicación que él mismo da tiene una lógica aplastante de niño: ‘Se me ha pasado muy rápido el fin de semana. Casi no he estado con mi papá… A ver si me voy a ir y va a pasar lo mismo que pasó hace un año’. Ese ‘a ver si’ es la forma más honesta de decir que tenía terror a volver y no encontrar a nadie en casa.

Un niño de nueve años que llora los lunes no tiene un problema de conducta: tiene un padre al que casi pierde.

Lo superó, y lo cuenta con una gratitud que no suena impostada: ‘Tuve una familia increíble y la sigo teniendo. Agradezco a la vida, vivo en gratitud, porque los sigo teniendo vivos y yo estoy ahí con ellos’.

El capote como refugio y la carta de un niño de siete años

Porque si algo sacó a aquel niño tímido del silencio fue precisamente lo que hoy le da de comer. El toreo salvó al niño que no quería hablar, y no es una frase de folleto: él insiste en que le ayudaba a expresarse. Toreó su primera becerra con siete años, debutó en público en la plaza de Acho en 2007, y firmó su primer paseíllo en México en 2008. En 2011 se trasladó a España para formarse en la Escuela de Tauromaquia de Badajoz. Ahí arranca la carrera del torero que hoy llena plazas.

Hace unas semanas compartió en su perfil de Instagram una carta escrita de su puño y letra siendo un crío en la que ya lo tenía clarísimo: ‘Mi hermano, cuando ya se viste de luces, mi papá quiere que sea un aficionado con toros y con luces y yo quiero ser el mejor torero de luces’. La carta que escribió de niño pidiendo vestirse de luces ya anunciaba lo que venía. Su abuelo fue administrador de la plaza de toros de Lima y su tío José Antonio, rejoneador: la afición venía de fábrica.

En lo personal, el diestro atraviesa un momento de sobreexposición. Su reciente ruptura con Tana Rivera, con quien mantuvo una relación de más de seis meses, ha coincidido con esta confesión pública. Él, de momento, ha pasado página con su primer plan tras la ruptura y sin entrar en detalles que no le corresponden a nadie.

Lo que esta confesión dice del toreo (y de quienes callan)

El gesto no es menor. En un mundo donde el silencio y la cara de póker han sido durante décadas parte del uniforme, hablar de terapia a los nueve años sigue siendo una grieta. No estamos ante un creador de contenido contando su ansiedad en un directo: hablamos de una figura que se juega el cuerpo cada tarde y que, además, carga con el peso de un apellido con historia taurina.

Casi nadie subraya el otro detalle: la naturalidad. Roca Rey no presenta la terapia como una tragedia ni como una medalla; lo cuenta como quien explica que de niño llevaba gafas. Ese matiz, y no el titular, es lo que cambia el mensaje. Y llega en un momento delicado, con la ruptura reciente y el ruido que acompaña a todo lo que rodea a la familia Rivera.

¿Habrá quien lo lea como una operación de imagen? Seguro. Pero pocos toreros han contado algo así con este nivel de detalle y sin escudarse en un comunicado. Queda la duda de si el podcast será el primero de una ronda de confesiones o un caso aislado. La próxima cita es el 21 de octubre, su 30 cumpleaños.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Drama real sin salseo de plató: un infarto, un niño que llora los lunes y una terapia a tiempo.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Roca Rey, que se quita la armadura; pierde el tópico del torero incombustible que nunca cuenta nada.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: De Tana, silencio previsible; el 21 de octubre, su cumpleaños, será la próxima fecha con ruido en redes.