Chiqui ha vuelto a Honduras y, de paso, ha reabierto el capítulo que llevaba años callado: su divorcio de Borja Navarro.
La cartagenera, tercera de Gran Hermano 10 en 2008 y rostro fugaz de Sálvame, lleva desde entonces entrando y saliendo del foco. Pero esta vez el foco lo ha encendido ella: su divorcio ha vuelto a escena con nombre y apellidos. Y alrededor hay una familia entera que hasta ahora apenas había puesto voz.
Quiénes son los suyos: un padre pensionista, una hermana carnicera y una madre que ya no está
Antes de todo esto hubo una niña que lo pasó mal en el colegio. Almudena Martínez ha contado que el bullying por su aspecto físico fue una constante en su infancia y que fueron sus padres quienes le enseñaron a plantar cara. De su madre, Josefa, repite una lección: que ser bajita no la hacía inferior a nadie.
Los años de televisión se acabaron cuando la salud de sus padres empezó a mandar. Josefa padecía EPOC y vivía conectada a una máquina de oxígeno; Chiqui dejó los focos para atenderla. Lo cuenta sin épica y con una frase que resume la decisión: no se arrepiente de haberlo hecho.
Josefa falleció en abril de 2024. La noticia se conoció semanas después, cuando su hija la recordó en público por el Día de la Madre, y aquella pérdida le costó además una baja prolongada en su trabajo. Desde Honduras ha explicado que le queda el consuelo de haberla acompañado y de saber que fue feliz hasta el final.
Contar una verdad propia no es lo mismo que convertirla en prime time, y la frontera la decide siempre quien escucha.
De su padre ha dicho que es pensionista, poco amigo de los focos, y aun así la acompañó al altar en aquella boda televisada en Sálvame. La hermana mayor se llama Elena y en 2012 ella misma contó que era carnicera, un dato que recuperó Carlos Otero en un artículo para Outdoor. Las dos se reparten el cuidado del padre desde que falta la madre. Hubo también otra hermana, Belén, que murió con tres años antes de que Chiqui naciera: la familia lleva las ausencias con una entereza que impresiona.
Borja Navarro: el nombre que ella pronuncia despacio y él no pronuncia nada
La relación con Borja Navarro terminó en 2019 y de ella nacieron dos hijas cuya identidad la concursante protege con celo: no les enseña la cara en redes. La custodia es compartida, y ese es hoy el único canal entre dos personas que no se hablan.
En el concurso, Chiqui ha puesto palabras a los presuntos malos tratos que, según su propio testimonio, sufrió durante el matrimonio. Habla de violencia física y psicológica, de cinco años de silencio, de miedo, de vergüenza, y de la creencia de que su pareja acabaría cambiando. Sus padres le dijeron que no debió aguantarlo, y ella lo repite ahora como advertencia para otras mujeres.
Del otro lado, Borja Navarro se ha apartado. Durante la relación hizo apariciones en revistas y platós; ahora guarda silencio, que en estos casos se lee de dos maneras: como estrategia o como falta de relato propio. Ella, mientras tanto, dice que sus hijas son el motivo para seguir y que su regreso a Honduras tiene mucho que ver con ellas.
Lo que este regreso cuenta de la tele que hacemos
Los realities de Telecinco llevan años funcionando como confesionario: quien entra por el concurso sale con la biografía ordenada y con dos portadas. Lo hemos visto con más de una concursante que convirtió el barro en terapia y la terapia en minutos de oro. La diferencia, esta vez, es el material: no es una anécdota de pareja, es un relato de presunta violencia machista en horario estelar.
El riesgo es evidente: el formato trocea, pone música y manda a publicidad justo cuando el testimonio se vuelve incómodo. El beneficio también existe, y no es menor: hay mujeres que escuchan y se reconocen. Desde el caso de Rocío Carrasco, la tele aprendió que ciertos relatos mueven audiencia y conciencia a la vez, aunque no siempre con el mismo cuidado. Lo que toca mirar ahora no es el plató, sino qué hace la cadena con este material cuando el concurso termine y las cámaras se apaguen.
Porque la paradoja es esta: la misma industria que la apartó cuando cuidaba a su madre es la que ahora le pone micrófono y plano corto. Chiqui ha aprovechado el altavoz, eso nadie se lo quita. La duda es si el altavoz seguirá encendido cuando ya no haya prueba que ganar.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 8/10. Testimonio duro, familia detrás y un ex que calla: materia de portada, no de zasca.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Chiqui en control del relato; pierde el silencio de Borja, que ya no es neutro.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Semana o Lecturas ampliarán el entorno en días y la cadena estirará el testimonio hasta la final.







