Jenny McCarthy asegura que Tom Cruise intentó captarla a ella y a Jim Carrey para la Cienciología.
La revelación llegó el jueves 15 de octubre en el plató de The Jenny McCarthy Wahlberg Show, que la presentadora de 53 años conduce con invitados rara vez casuales. En esta ocasión, una exmiembro de la Iglesia: Anne Gollert Hill. Delante de ella, McCarthy desempolvó una amistad breve con Cruise, de 64 años, que se remonta a los años en que salía con Jim Carrey.
La secuencia que describe es doméstica y, precisamente por eso, eficaz. Cruise llamaba a Carrey y proponía un plan de fin de semana: ‘¿Por qué no os venís a la casa de Aspen?’. La respuesta, según McCarthy, era siempre la misma.
Las llamadas a Aspen y el ‘no’ que Jim Carrey ya tenía ensayado
‘Jim decía: no podemos ir, van a intentar atraernos’. La frase, tal y como la reconstruyó la presentadora, no era una sospecha nueva. Carrey ya había rechazado antes una aproximación similar y conocía el guion de la hospitalidad de la Iglesia.
Conviene recordar el contexto: McCarthy y Carrey fueron pareja entre 2005 y 2010, años en los que Cruise era uno de los rostros más omnipresentes de Hollywood y, también, uno de los más activos en la expansión pública de su iglesia. La pareja llegó a ser invitada a su boda con Katie Holmes, celebrada en 2006 en Bracciano, Italia.
La hospitalidad, cuando llega con manual de instrucciones, deja de ser hospitalidad y pasa a ser otra cosa.
Bracciano, Suri y el silencio que heló la cena de ensayo
El episodio más comentado, sin embargo, no ocurrió en una llamada sino en una mesa. En la cena de ensayo de la boda, McCarthy y Carrey quedaron sentados frente a los novios y su círculo inmediato. En un momento dado, una niñera trajo a Suri, que entonces tenía siete meses.
McCarthy, que se define como una persona de bebés, soltó la pregunta: ‘¿Puedo cogerla?’. El comedor entero se quedó mudo en un segundo. ‘Parecía Rosemary’s Baby… Me llevé la mirada scientology’, recordó. Katie Holmes accedió despacio y le pasó a la niña. Nadie hablaba. McCarthy balbuceó un ‘hola, cariño’ y sostuvo a la pequeña en el regazo con la incomodidad de quien sabe que está siendo evaluada. Cuando la devolvió, las conversaciones se reanudaron como si tal cosa. ‘Pensé: vale, estoy en el vientre de la bestia’.
Aquel mismo fin de semana conoció a David Miscavige, líder de la Iglesia desde hace décadas y mejor hombre de Cruise. La presentadora le espetó un ‘vaya, te han elegido, enhorabuena’ que sonó, admite, despectivo. ‘Se le fue la cara’. Cruise se rió para descomprimir. Sobre él, McCarthy fue cuidadosa: ‘Muy buena persona… muy, ejem, programado, se nota’.
Sobre Miscavige, en cambio, no matizó: ‘Sentí un escalofrío. Lo sentí y ya lo sabía, y aun así lo sentí en persona. Y se supone que le conocía en su mejor versión, cuando intentaba reclutarnos a Jim y a mí’.
El reclutamiento por proximidad: el patrón que se repite en Hollywood
La anécdota de McCarthy no es un caso aislado, sino la enésima confirmación de un método. Hollywood ha sido durante décadas terreno de reclutamiento y las celebridades funcionan como activo reputacional: si una cara conocida entra, el mensaje se vende mejor. El reverso de esa historia también está documentado. Leah Remini entró de niña, salió en 2013, y convirtió su testimonio en libro y docuserie; Paul Haggis abandonó en 2009; Katie Holmes cerró su etapa en 2012 con una salida silenciosa y muy calculada.
Frente a esos casos, el de Cruise en 2006 encaja en una fase de expansión pública concreta: la de un actor que ejercía de embajador informal y que, según varios relatos, no distinguía del todo entre amistad y captación. La insistencia con la casa de Aspen tiene lectura: no era una invitación, era una invitación con marco. La localidad, una de las más caras de Colorado, es el escenario invernal de la élite del entretenimiento.
Conviene, eso sí, tomar la pieza por lo que es. Un recuerdo de sobremesa televisiva, no una declaración jurada. McCarthy habla veinte años después, en su propio programa, con una invitada que ya ha dejado la Iglesia y sin más respaldo que su memoria. No hay denuncia, ni demanda, ni documento. La noticia no está en lo que prueba, sino en lo que confirma sobre un mecanismo de seducción social que sigue siendo reconocible.
Y queda la letra pequeña: la misma mujer que describe el silencio del comedor asegura que Cruise es ‘muy buena persona’. Las dos cosas caben. En Hollywood, casi siempre caben.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: McCarthy refuerza su perfil de conversadora sin filtros y deja a Cruise retratado como anfitrión con agenda.
- 💎 El detalle de lujo: la casa de Aspen, refugio invernal de la élite en Colorado, fue el anzuelo recurrente de aquellas invitaciones.
- 🗣️ El entorno cuenta: Carrey ya había dicho no antes de la primera llamada, y ese ‘no’ sigue siendo la mejor réplica del relato.







