Iñaki Urdangarin ha hecho su particular repaso a la paternidad en voz alta y sin red: reconoce que no siempre acompañó bien a sus hijos en el deporte.
El mea culpa de un padre que fue deportista de élite
El escenario fue The Change Congress, un encuentro celebrado en el CosmoCaixa y centrado en el futuro del deporte y en los retos de las nuevas generaciones. Allí, el exjugador de balonmano —una trayectoria deportiva más que conocida— presentó un proyecto contra el abandono deportivo de las niñas y adolescentes y, de paso, se sentó en la silla del padre que revisa lo que hizo.
Porque la confesión llegó sin que nadie la pidiera: ‘Yo supongo que el acompañamiento que le he hecho a mis hijos en el deporte tampoco habrá sido el mejor posible’, admitió ante los asistentes. Traducción libre: el acompañamiento a sus hijos no habrá sido el mejor posible, ni siquiera con una carrera profesional entera a la espalda.
Sus cuatro hijos —Juan, Pablo, Miguel e Irene— han mantenido un perfil discreto, y el deporte ha seguido siendo el hilo que le une al exduque de Palma con ellos. Sobre todo con Pablo, que siguió sus pasos en el balonmano y al que ha visto jugar en distintas ocasiones, algunas con la infanta Cristina en la grada. Estampas de exmatrimonio en el pabellón: el protocolo familiar, ese que nadie escribe.
Lo que el deporte le ha dado y lo que todavía le debe
Urdangarin no se quedó, en la autocrítica. Explicó que este tipo de iniciativas también le han servido a él para aprender cómo se acompaña a un chaval desde la banda: ‘El deporte nos ha dado muchísimo en esta vida y quizá poniendo en práctica estas herramientas es una forma de devolverle al deporte, al menos parte de lo que el deporte nos ha dado’.
Es decir, devolverle al deporte parte de lo que el deporte le ha dado. Un discurso de gratitud que, viniendo de quien viene, suena un poco distinto a lo de siempre.
Reconocer a tiempo que no supiste acompañar vale más que cualquier medalla colgada en la pared del despacho.
Y atención, porque no es lo mismo un padre anónimo repasando sus errores en la cocina que un exduque de Palma haciéndolo en un congreso con micrófono. Aquí cada frase se mide, y esta se ha medido sola.
De la pista al palco: la paternidad deportiva como asignatura pendiente
Este mea culpa enlaza con un patrón conocido en las familias donde el deporte es casi negocio familiar. El hijo que hereda la pasión, el padre que se convierte en entrenador sin querer, la grada que se transforma en despacho. En el caso de los Urdangarin-Borbón, el vínculo deportivo ha sobrevivido al divorcio, a los titulares y a los años.
Pablo entrena y compite; el padre aparece cuando puede; la madre, cuando toca. El balonmano ha funcionado como territorio neutral donde nadie discute custodias, y ese detalle dice más de esta familia que cualquier comunicado.
La lectura es clara: no ha descubierto nada nuevo, ha puesto palabras a algo que otros exdeportistas admiten en privado y callan en público. La frase ‘tampoco habrá sido el mejor posible’ deja la puerta abierta a la corrección, que es exactamente lo que vende el foro en el que participó.
Habrá que ver si estas apariciones se convierten en costumbre o se quedan en conferencia suelta. De momento, el debate —cómo acompañar sin asfixiar a un hijo deportista— queda servido para la próxima charla.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Ni traición ni portada bomba: es un mea culpa de manual y con buenas formas.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Urdangarin, que se pone el traje de padre reflexivo; pierde el silencio, que ya no le sirve.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Sin réplica familiar a la vista. La próxima foto con Pablo en el pabellón, cuando toque.







