Isabel Preysler rememora su infancia en Manila en sus memorias: ‘Me llamaban lagartija y fox terrier’

La socialité filipina abre sus 336 páginas de memorias con la Manila acomodada de su infancia: tres idiomas, colegio de monjas y unos apodos que todavía repite. Casi un año después del lanzamiento, el relato sigue sumando lectores.

Isabel Preysler ha vuelto a Manila sin coger un avión: sus memorias arrancan en el San Lorenzo Village de su niñez, entre apodos y jardines.

Casi un año después de su publicación, Mi verdadera historia sigue siendo un filón. La socialité y empresaria filipina (Manila, 1950) tituló así sus 336 páginas para romper con los falsos mitos que llevan décadas circulando sobre ella. Y lo hace, ojo, empezando por el principio: por la niña.

Una casa con jardín, tres idiomas y una niña que no paraba quieta

‘De niña me llamaban lagartija y fox terrier porque no paraba quieta y por mi delgadez. Estaba siempre atenta a todo lo que sucedía a mi alrededor’. La frase está en el libro y define al personaje: alguien que lleva toda la vida observando antes de hablar.

María Isabel Preysler Arrastia, nombre completo que recoge su ficha biográfica, nació en el seno de una familia acomodada de Manila. Su padre, Carlos Preysler Pérez de Tagle, fue delegado del Banco Español de Crédito en la capital filipina y descendía de españoles afincados en Alemania. Su madre, Beatriz Arrastia, venía de una familia con grandes plantaciones de arroz y azúcar en la región de Pampanga.

Isabel se crio en San Lorenzo Village, una zona residencial de casas grandes y jardín. Fue la tercera de seis hermanos, en un hogar donde su madre perseguía una familia numerosa al estilo de la suya, y una educación firme en convicciones religiosas. De ahí el colegio de monjas de la Asunción. De ahí, también, tres idiomas en una sola casa: inglés, español y tagalo.

La leyenda de Preysler no empieza en una portada de revista, sino en una casa de Manila con seis hermanos y una niña que no paraba quieta.

De las fiestas de Manila al vuelo a Madrid en 1968

La infancia tuvo fecha de caducidad. Con apenas quince años, Isabel empezó a dejarse ver por las fiestas de la alta sociedad filipina. A los dieciocho, después de participar como modelo en un desfile benéfico, se enamoró de Juni Kalaw, un hombre con fama de playboy. Fue su primer amor y el detonante de una decisión familiar drástica: sus padres la enviaron a estudiar a Madrid en 1968.

Ella lo cuenta sin dramas en el libro. ‘Me dejé llevar, porque en ese momento era una adolescente que de la vida solo sabía vivirla’, escribe. Y añade que de aquella primera vez guarda un recuerdo lleno de ternura, uno de esos pasajes que explican por qué estas memorias se leyeron como se leyeron.

Ahora agárrate, porque el salto es considerable: de aquel desfile benéfico de Manila a ser, décadas después, la mujer con más portadas de este país. La misma que asegura que ni se considera elegante ni tiene costumbre de seguir la moda. Tela.

Por qué este libro incomoda a más de uno

Las memorias de Preysler llegaron al mercado el mismo año que las del rey emérito, y ahí está la gracia del asunto: dos libros que compitieron por el mismo estante y por el mismo tipo de lector. Uno miraba al pasado institucional. El otro, a una infancia feliz en Manila. Y los dos vendieron.

A diferencia de otros relatos de famosos, aquí no hay ajuste de cuentas grueso ni capítulos dedicados a devolver golpes. Preysler cuenta su vida desde un lugar poco habitual: la privilegiada que dice haber sido niña privilegiada sin pedir perdón por ello. ‘Fue una infancia feliz. Mis primos hermanos y yo siempre recordamos que habíamos sido unos niños privilegiados’, aseguró durante la presentación. A los 76 años, la lectura de aquella Manila no es nostalgia de salón, es el acta de fundación de un personaje que aprendió pronto a moverse entre dos mundos sin pedir permiso.

Su hija Tamara Falcó y su yerno Íñigo Onieva la acompañaron cuando la Embajada de Filipinas en España le concedió el primer Premio Tanglaw, que en tagalo significa luz que guía. Aquello fue un año antes de la publicación. Allí dejó otra de esas frases que se citan solas: que lleva 55 años viviendo en España, donde la llaman la filipina, y que cuando vuelve a su país la consideran la española. ‘No hace falta escoger’, zanjó.

Queda pendiente el regreso. Prometió volver a Filipinas en cuanto encontrara un hueco, y el libro ha sido el hueco perfecto para recordarlo. Habrá que ver si el próximo viaje se convierte en portada o se queda en algo privado. Con ella, nunca se sabe.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 4/10. Es más nostalgia de Manila que salseo de plató: el libro abre heridas poco y cierra mitos mucho.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Preysler, que firma su propio relato; pierden los biógrafos ajenos que llevan décadas rellenando huecos.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: En cuanto anuncie fecha para volver a Filipinas, habrá reportaje de portada. No hace falta ser adivino.