Angie Calero ha retratado el carácter de la princesa Leonor y hay un rasgo que la conecta con Doña Letizia.
La periodista publicó Leonor de Borbón Ortiz. Una reina para el futuro, un volumen que se acerca por primera vez tanto al plano institucional como al personal de la heredera. Lo hace a través de entrevistas con quienes la han tratado de cerca: profesores, instructores militares, científicos y personalidades de la cultura.
Y en esa suma de testimonios, Calero subraya una cualidad que repite casi sin querer: la princesa pregunta e indaga en la gente de forma natural y genuina. Nada de pose. Es exactamente el rasgo que la autora atribuye a la reina: la curiosidad real por el otro, la que no se estudia en ningún protocolo.
Lo que Calero desvela y suena a Letizia en estado puro
En la entrevista concedida a Harper’s Bazaar, Calero desmenuza la huella de la reina en su hija mayor. Habla de dos herencias. La primera, esa manera de interesarse por los temas que se tratan en cada acto. La segunda, más visible: la reina le ha enseñado a construir mensajes desde que era niña, y eso, dice, es un regalo para siempre.
Tampoco hubo una sola voz crítica en el libro. Ella lo atribuye a algo muy concreto: un entorno hermético que no se ha roto ni con presión editorial. ‘Si nadie ha dicho nada negativo por algo será’, apunta, antes de citar a Pérez Reverte en las páginas del volumen: ha sido educada para no cometer errores.
La curiosidad de Leonor no es protocolo heredado, es carácter: se interesa por la gente como se interesaba su madre antes de llevar corona.
El libro también recoge anécdotas que humanizan la figura. En los Premios Princesa de Asturias de 2022, Carmen Linares y María Pagés acabaron sentadas en la misma mesa que los reyes y sus hijas. Y la cantaora contó después un detalle que nadie vio en televisión: la princesa le confesó que no podía más con los tacones. Un apunte doméstico que desmonta la imagen de mármol.
El detalle que rompe el relato de hielo institucional
Hay más. Calero habla del episodio del buque Juan Sebastián Elcano y de aquellas fotos en bikini que dieron la vuelta al mundo. Su lectura es incómoda: le molestó que solo quedaran las fotos de playa. Y añade el matiz que suele escaparse: su preocupación no era ella, sino arrastrar a sus amigos y compañeros a los titulares.
También está el asunto de la infanta Sofía. En la entrega del Toisón de Oro a Leonor, las cámaras captaron a una Sofía a la que se le notaba algo. Calero no lo niega: reconoce que era la primera vez que aparecía una diferencia evidente entre las dos hermanas. Pero sostiene que los reyes ya habían blindado ese flanco mucho antes, con la misma educación y un mensaje claro: van a tener que hacer equipo.
Dos destinos, un mismo relato por escribir
Aquí viene lo jugoso. La autora se confiesa convencida de que a Leonor le dará envidia el itinerario universitario de su hermana. Lo argumenta sin rodeos: cualquier joven de su edad habría querido tres años por Lisboa, París y Berlín, con discreción y sin fotógrafos detrás. Leonor, en cambio, cambió la universidad por las tres academias militares y su agenda pública sigue pasando por los actos que recoge la web oficial de Casa Real.
Un libro sin una sola voz crítica sobre su protagonista dice mucho. Dice que su entorno sigue siendo hermético, como la propia autora admite. Y dice que la Casa ha aprendido la lección del pasado: el Emérito se dio a conocer joven y el desgaste llegó después. A Leonor la han racionado desde niña para que cada aparición siga siendo novedad. Es marketing institucional, sí. Pero también es la única forma de proteger a una futura jefa de Estado a la que le queda medio camino.
El detalle de la curiosidad natural es, en realidad, el más revelador de todos. Porque el gran debate sobre Leonor nunca ha sido su formación militar ni sus discursos, sino si sabrá conectar. Y Calero responde con un argumento simple: conectar con la gente no se improvisa, se mama. Si el gesto le sale solo, es porque lo vio en casa.
Lo que queda por ver es si este retrato sin sombras aguanta el paso del tiempo. Los libros que solo dibujan luces suelen envejecer mal. Los que se atreven con el claroscuro, mejor.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 4/10. Ningún trapo sucio, pero el relato de palacio tiembla lo justo para dar titulares.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Calero con un retrato redondo; pierde quien esperaba la primera sombra de Leonor y sigue esperando.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Sin grietas en el libro, el próximo capítulo lo escribirá la propia Leonor en su agenda.







